Ese día también se tenía que haber juzgado al doctor Enrique Rubio García y a la Clínica DEXEUS, puesto que están implicados como hace años venimos denunciando. Quizá serán juzgados más adelante porque todos son culpables.
Ese día, José Antonio y su madre la señora Soledad, vinieron a buscarme a mi casa con un taxi para que les acompañara al juicio que se iba a celebrar.Habíamos quedado con la señora Soledad que estaría con ellos para darles todo mi apoyo.
Desde que nos conocimos, a raíz de la muerte de mi hijo y por la triste circunstancia de que su hijo también había sido tratado nefastamente por los mismos médicos y en la misma clínica, hemos sido buenos amigos. Nos hemos ayudado en todo lo que nos ha sido posible, tanto física como moralmente y he vivido con ellos años de sufrimiento y desesperación.
He de decir que la señora Soledad ha sido amenazada en repetidas ocasiones por ayudarme en mis campañas en contra de los médicos Guix y Rubio.
En un principio, y en este juicio, como acabo de anunciar, tenían que estar imputados todos: los doctores Benjamín Guix, Enrique Rubio García y la Clínica DEXEUS, ésta como responsable civil subsidiaria, como ya lo habían estado anteriormente en la vía penal, y que, como suele ocurrir por esta vía, fue desestimada, en este caso por el Juez Fernández Oubiña sin siquiera dar tiempo a que se presentaran los informes que los médicos, favorables a los padres, estaban preparando para ellos y en los que se exponía la negligencia.
Una conducta, la del Juez Oubiña, que según el señor Bereijo en aquel entonces Presidente del Tribunal Constitucional, se tenía que haber denunciado a este mismo Tribunal. El abogado que llevaba entonces el caso no quiso denunciar al juez y fue una pena porqué se perdió una gran oportunidad.
El caso de José Antonio, también fue muy escandaloso: saltó a los medios de comunicación seguidamente después del de mi hijo: “eran los mismos médicos y la misma clínica”.
El Juez Oubiña, aconsejó a la madre de José Antonio que recurriera la vía civil, porque “lo que necesitaba su hijo era dinero y un abogado medidamente bueno la iba a ganar”. ¿…?
Han tenido que pasar muchos años hasta llegar a este juicio. Todo han sido dificultades. Parecía imposible hacerlos sentar de nuevo en el banquillo de los acusados, como así pasó en el caso de mi hijo. Tardé siete años hasta poderlos ver sentados en el banquillo, como explico en esta página Web.
Por si alguien no ha leído el testimonio sobre José Antonio en mi página, haré un recordatorio:
José Antonio, un chico sano, fuerte, con negocio propio de pescadería, igual que sus padres, que además tenia ingresos extras como jugador de fútbol con copas en su haber, que practicaba la pesca submarina y en definitiva tenia un futuro espléndido, un día, debido a un fuerte dolor de cabeza que sufrió, se vio obligado a ir con sus padres al Hospital del Valle de Hebrón, hospital que les pertenecía por la Seguridad Social. Año 1991.
En el hospital le dicen que es una simple jaqueca, le dan un calmante y lo mandan para casa. Da la casualidad de que cuando van a salir, en el mismo hospital encuentran a un médico neurólogo conocido que les pregunta el porqué están allí, qué es lo que les pasa. Cuando los padres le cuentan el motivo, él no está de acuerdo con lo que les han dicho y le hace hacer un “escáner”. Esto en el mismo hospital. Descubren una “malformación arteriovenosa” que es necesario operar. Aquí ya empezó una negligencia por parte del Servicio de Urgencia del Valle de Hebrón que le podía haber costado la vida a José Antonio, y también empezaría el calvario para José Antonio, sus padres y hermano que, ¡el pobre! muy unido a José Antonio, padecería las terribles consecuencias que se iban a presentar.
La gran desgracia de esta familia fue, o ha sido, que en el Valle de Hebrón seguía siendo Jefe de Neurocirugía el doctor Enrique Rubio García, el cual les “vende” el mismo tratamiento de la Clínica DEXEUS que nos habían vendido a nosotros, alegando que “era el tratamiento del futuro”, sin riego alguno. Exactamente lo mismo que nos dijeron a nosotros. Incluso les dice a los padres que si oyen “cosas” sobre la radioterapia que no hagan caso. Supongo que se refería al caso de mi hijo, puesto que ya estaban denunciados. Los padres creyendo que era lo mejor para su hijo, ya no se cuestionan la operación convencional porque, además, les hacen creer que conlleva mucho riesgo. Eso sí: tienen que pagar por adelantado 1.860.000- de las antiguas pesetas. La intención del doctor Guix, que es quien recibe el dinero en la DEXEUS, era la de no dar recibo como hizo con nosotros, pero se encontró con que los padres no tenían todo el dinero disponible y tuvieron que sacar lo que les faltaba de un fondo de “pescaderos reunidos”. La madre de José Antonio, encargó el pago al Presidente de este Gremio, hecho que obligó a Guix a dar el recibo correspondiente. Pero, es que les habían dicho que este dinero lo devolvería la Seguridad Social. Esto era imposible, porque en aquella época - y el abogado lo ha podido constatar como nostras lo hicimos en su momento -, no había ningún convenio de radioterapia con esta clínica, de otros sí, pero de radioterapia, no. Un intento más de estafa escandalosa como tantas otras. Se vieron obligados a devolver el dinero cuando los padres se enteraron de que no existía ningún convenio y que podían armar un escándalo. Ahora preguntamos: ¿Quién devolvió el dinero? ¿El doctor Guix? ¿La Clínica DEXEUS? De no insistir los padres en querer recuperar este dinero como les pertenecía, ¿qué hubieran hecho? ¿Qué hubieran dicho? ¿Creían que los padres harían lo mismo que hicimos nosotros que ni siquiera reclamamos el recibo por el importe pagado? De momento todavía no se sabe quien devolvió el dinero a los padres de José Antonio. Con toda seguridad, el “Instituto Catalán de la Salud” o la “Seguridad Social”, que es lo mismo, ¡No!
Pero vayamos a lo importante que es la salud de José Antonio.RESULTADO DE LA RADIOTERAPIA: Le queman el cerebro y le dejan la malformación tal y como estaba exponiendo a José Antonio a un peligro extremo de muerte ya que en las exploraciones siguientes dicen que todo sigue igual y una malformación arteriovenosa sin solucionar puede ser mortal de necesidad. Los padres desesperados y asustados empiezan a visitar a médicos en el extranjero que confirman que “no era necesario este tipo de terapia para el tipo de malformación que padecía su hijo pero que, como la tinta ya estaba vertida sólo cabía esperar”. Claro, uno se pregunta: ¿Esperar qué? ¿A que se muera?...
José Antonio se puso peor y tuvieron que ingresarlo en la Clínica Sagrada Familia para ser operado con la cirugía convencional algo que parecía imposible cuando les vendieron la radioterapia.
Según el médico que operó, doctor Isamat, confesó a la señora Soledad, que el fracaso de la operación había sido debido a la radiación aplicada en la DEXEUS, pues no era lo mismo operar un cerebro limpio que irradiado además de haber dejado pasar el tiempo lo que agravó la situación. José Antonio estuvo once días en estado de coma y entró en parada cardiaca. Pudo salvar la vida, pero una dolencia que había podido ser resuelta sin complicaciones, a José Antonio le podía haber llevado a la tumba y aunque ha salvado la vida, ésta se la han destrozado gratuitamente.
José Antonio ha quedado con una fuerte minusvalía que le impide trabajar y llevar una vida normal, padece dolores que le aprisionan y queman su cabeza; cerebro en el que van apareciendo quistes necróticos que no se sabe hasta donde podrán llegar, fuertes depresiones… Necesita un control continuado… Como queda a la vista, a José Antonio no le aplicaron la misma cantidad de radiación que aplicaron a mi hijo, porque de ser así ya estaría muerto, aunque casi.
Naturalmente, los padres y las personas que queremos a José Antonio esperamos que estas radiaciones paren de una vez y José Antonio pueda vivir muchos años en paz dentro de sus limitaciones. Sabemos que resulta muy difícil para una persona joven que ha sido fuerte, activa e independiente encontrase en una situación como la suya, y todavía más si es por culpa de unos mal llamados profesionales de la medicina, que nadie entiende como siguen ejerciendo después de los daños que han causado y siguen causando.
Por todo lo ocurrido, tanto José Antonio como sus padres han quedado arruinados, negocios y pisos perdidos, todo para pagar la operación de la Clínica la Sagrada Familia; operación y estancia que costó más de siete millones, casi ocho, de las antiguas pesetas que no ha cubierto la Seguridad Social, recuperaciones costosas que han durado años, viajes de los padres, algunos como ya he apuntado, al extranjero para saber lo que puede ocurrir con su hijo; pagos a peritos para presentar en los juicio, algunos informes y peritos que han costado un dineral - uno sólo, costó un millón de pesetas -, y que encima no han servido para nada. Todo un mundo de ciencia ficción, pero de terror, en los casos de las negligencias médicas. Todo un reguero de millones que, aunque ganen este juicio, cosa que se espera, nunca podrán recuperar su economía, ni muchos menos la salud que nos roban este tipo de seres sin conciencia ni escrúpulos, gansters de la peor ralea como son Guix y Rubio.
Si cuando denuncié el caso de mi hijo hubieran apartado a los doctores Guix y Rubio de la “circulación” como era deber de la Consellería de Sanitat y según la Ley General de Sanidad en un caso tan excepcional como era el de mi hijo, José Antonio no hubiera tenido que pasar por este calvario. Ni él ni tantos otros como hemos conocido, de algunos, las familias, porque las victimas directas ya están muertas por los rayos “milagrosos”, o “bromistas” como dijeron, burlonamente, en el juicio de mi hijo.
Ahora vayamos a las vistas orales del juicio:
Yo tengo que prometer que vea lo que vea y oiga lo que oiga no diré nada ni haré ningún gesto que pueda perjudicar la marcha del juicio. No hay que olvidar que me encontraré nuevamente cara a cara con los asesinos de mi hijo. El juicio era contra el doctor Guix pero el doctor Rubio iba como testigo a favor de Guix: ¡Claro! Si fue entre los dos que aplicaron la radiación a José Antonio como así lo declaró él mismo en el juicio.
El primero en declarar fue el doctor Guix.
El esfuerzo que tuve que hacer para contenerme nadie se lo puede llegar a figurar: las mismas mentiras que dijo en el juicio imputado por la muerte de mi hijo, con un cinismo impresionante, no se le vio ni un atisbo de remordimiento, mintiendo sobre la forma en que aplicaron la radiación, en este caso no dijo que las aplicara “por el Ojo clínico”, como declaró en el juicio de mi hijo, sino como en realidad deberían de ser aplicadas, cosa que nunca hacen; mintiendo sobre el dinero, sobre el consentimiento informado, cuando no le dieron ninguno y que lo engañaron igual que a mi hijo, lógicamente con la diferencia de que mi hijo no padecía ninguna enfermedad física que le obligara a operarse. Y, al respecto, cuando en un momento el abogado de José Antonio le hizo alusión a las radiaciones que aplicaron a Arturo Navarra y que le costaron la vida, él grito como un poseso: “¡Eso es mentira! ¡Eso es mentira!”. ¡Claro! Qué iba a decir, que si, que mataron a mi hijo con la radioterapia? Y yo sin poder decir a la señora Jueza que yo era la madre de aquel muchacho, ni poderle decir nada sobre las grandes mentiras que estaba contando ni de los muertos que ellos habían causado, además de que ya había sido condenado en otra ocasión por la mala aplicación de la radioterapia a una pobre mujer anciana enferma de cáncer, que como dice la sentencia “la sometió a un tratamiento rutinario, innecesario y doloroso”. “El Periódico”, 14 de mayo de 2002.
Seguidamente del doctor Guix, declaró José Antonio. Poco pudo decir; las perdidas de memoria que padece no le permitieron contestar con claridad a las preguntas que le hacían los abogados de la parte contraria. La señora Jueza, que me pareció una buena mujer, les cortó el interrogatorio diciéndoles “¿No ven ustedes que no puede más? ”. Le dio permiso para retirarse. José Antonio que está destrozado física y moralmente, al escuchar a Guix, todavía enfermó más.
Bien, fueron circulando los peritos, testigos… Hasta que le tocó el turno al doctor Enrique Rubio García. La más prepotente, chula y mala persona que uno puede toparse en la vida. Cuando la señora Jueza le preguntó si tenía algún interés en este juicio, él dijo que, personalmente no, pero que sí: “¡¡Que ganen los buenos!!”, exclamó lleno de euforia y de júbilo como si ejerciera de jurado en un “concurso” televisivo: alguien le rió la gracia. Mentiras terribles y un desprecio hacia sus victimas imposible de explicar.
Contó, entre otras mentiras, que “ellos cuidan a los pacientes con “mimo” extraordinario, porque, ¡pobres! ya que están mal sólo faltaría que no les cuidaran bien”. José Antonio salió de la sala de radioterapia sólo, hecho un desastre al igual que mi hijo. Mi hijo que salió también solo, estaba mareado, salió dando tumbos de un lado para otro, vomitando, estornudando y cayéndole los mocos por el fuerte constipado que había cogido - en aquel 3 de marzo de 1988 hacia mucho frío y en aquellas salas de la clínica sin calefacción te quedabas helado -, mi hijo, ¡pobre!, que era un muchacho tan educado, le pidió al doctor Rubio ¡por favor! que le diera una manta porque tenia frío, y él se la negó diciéndole, “¡cállate burro!”. Por la sien le caían unos hilos de sangre debido a la forma bestia en que le habían colocado los tornillos de la “corona” o marco que les ponen en la cabeza. Mi hijo me dijo que nunca más quería volver a ver aquel médico porque era una bestia, algo que me confirmarían más tarde otros médicos y conocidos de él mismo. Ante la situación de mi hijo llamé a alguien para que nos atendieran, pero allí, en aquel sótano de la DEXEUS, sobre las diez de la noche, no había nadie. Mi hijo, sin poder resistir más el dolor de cabeza me rogó que nos fuéramos para casa.
La señora Soledad, cuenta que su hijo José Antonio al salir de la sala de radioterapia le dijo que, “antes de volver a pasar por aquel infierno preferiría morir”. Este es el “mimo” con que estos dos individuos tratan a los enfermos. Y yo, ¡sin poder decir nada!
Y, entretanto, la señora Jueza tuvo que llamar la atención al doctor Guix que no paraba de reírse ni de moverse como si fuera un anormal total. Creo que está mal de la cabeza. Lo mismo hizo en el juicio sobre el caso de mi hijo: ¡reírse!
Bien: explicar todo lo demás pues, lo de siempre: mentiras, falsedades, una protección de los peritos de parte hacia los acusados, sucia, mezquina, repugnante… En lo natural, sus buenos dineros cobran para hacer el papel. No obstante, también declararon algunos peritos justos además de los de parte de José Antonio. La señora Soledad solo estuvo en la primera vista, estaba padeciendo por su hijo. Nos fuimos juntas. De las dos vistas siguientes, se lo que me contaron, aunque la primera fue la más importante.
Siempre, en los juicios, ya que he tenido la desgracia de tener que asistir a unos cuantos por el caso de mi hijo, he procurado ser correcta, nunca una palabra altisonante, con un comportamiento en el estar correcto, pero noto que después de tantos años, me estoy “desmadrando” y es que este par, aparte de se muy malas personas, son provocadores.
Estando yo en la Ramblas de Barcelona haciendo mi campaña, un día se paró delante de mi el doctor Rubio y señalándome con el dedo se puso a reír cínicamente y desafiante. Ese día todavía me contuve, después lamenté no haberle dado con un palo en la cabeza, pero después me prometí que cuando le viera de nuevo no iba a estar tan callada ni tan quieta. Que ya bastaba de confiar tanto en la “Justicia”.
Bueno, el primer día del juicio por la muerte de mi hijo, si que mi abogado de entonces Javier Selva tuvo que cogerme del brazo porque iba hacia él como una flecha cuando a unos metros de distancia, se paró delante de mí y cínicamente se rió. ¡Siempre se ríen! ¡Se burlan del dolor de las víctimas, en este caso indirecta, pero víctima al fin y al cabo!
Por ejemplo, en el juicio por injurias y calumnias – el segundo -, al terminar, ya fuera de la Sala, dije dirigiéndome a la abogada del doctor Guix y a la fiscal que iban juntas, en voz muy alta e increpándolas, que “eran todos una pandilla de sinvergüenzas”. Curiosamente, esto saltó a los medios de comunicación, no otras cosas más importantes. El doctor Guix, quien me había denunciado no tuvo el valor de acudir al juicio por lo tanto a él no le pude decir ni hacer nada. Pero es que a mí, en el juicio, no me dejaron hablar. ¿…?
Al terminar el juicio en cuestión, el de José Antonio, al salir de la Sala, no pude contenerme y todo y sabiendo que me había comprometido a no decir nada, es decir a no armar ningún escándalo, no pude contenerme y, al doctor Guix que lo tenia pegado a mí, le dije mirándolo fijamente y en voz alta: “Tu ets un fill de puta i encara no he acabat amb tu”. “Tú eres un hijo de puta y aún no he terminado contigo”. Había gente alrededor y los peritos que faltaban para entrar ya que el juicio tenía que proseguir por la tarde. Hubiera podido preguntarle, si todavía aplicaba las radiaciones “por el ojo clínico”, si todavía engañaba miserablemente a muchachos de buena fe que confiaban en él vendiéndoles tratamientos que les llevaba a la muerte, si seguía estafando a Hacienda ya que no daba recibo por los cobros que percibía… En, fin podía haberle dicho muchas cosas, porque él se había quedado con la boca abierta sin atreverse a moverse ni a decirme nada, pero…
Pero… sí, tenia que haberle dicho que si sabía que mi hijo era tan buena persona que hasta estando al final de su vida y padeciendo sufrimientos terribles por su culpa, al intuir la posibilidad de que había sido víctima de una negligencia, todavía se apiadó de los médicos que le habían hecho aquel atroz daño. Me hizo prometer que si era así, que, ¡por favor! no les pasara nada a los médicos porque ¡pobres! lo habrían hecho sin querer y lo estarían pasándolo muy mal”. ¿Pasándolo mal, cuando sólo dijeron que si queríamos denunciarles que les denunciáramos porqué a ellos les daba igual? ¿Cuando se han estado riendo y burlando todo el tiempo de nosotros?
Saben, quizá lo que sentí, es que no estuviera allí, esperando, su “compinche”, doctor Rubio. Hubiera sido gordo, es posible, incluso, que hubiéramos llegado a las manos, por mi estado y porque el doctor Rubio es un violento y un maltratador, y no lo es porque yo me lo invente, o por las vivencies que he tenido con él, sino por lo que tengo escrito en unos informes que me hizo llegar personal sanitario que han sufrido su furia y que saben de lo mala persona que es. El doctor Rubio, según estos informes, y con nombres y apellidos, maltrata a enfermeras, a secretarias… Dice cosas terribles a sus subalternos que ni puedo repetir aquí por lo groseras y sucias que son. Ha hecho la vida imposible a muchos trabajadores, principalmente a mujeres de las cuales dice cosas que hoy día son motivo de denuncia, así como de los negros…
Todos los informes que recibimos en este sentido, con los disparates que hace como médico, de lo peligroso que es caer en sus manos, los mostramos, en su momento, a la Consellería de Sanitat de Cataluña. Antes de pedir esta investigación quisimos saber si era cierto todo lo que nos contaban poniéndonos en contacto con personal del Valle de Hebrón: todo era cierto. De la Consellería dijeron que investigarían pero no hicieron nada y permitieron que este hombre siguiera hasta su jubilación con sus insultos y sus crímenes. A mi me han llegado victimas de este hombre, de familiares de personas muertas, incluso abogados que han llevado casos, pero… ahí sigue, no como médico de la Seguridad Social, pero si como médico de la Compañía Aseguradora para la cual trabaja en la Clínica Delfos.
Claro, pueden decir que los informes como llevan seudónimo!… Con seudónimos o como denuncia anónima, los casos se investigan, miren sino con el caso de la cárcel “Alcalá Meco”, una denuncia anónima ha bastado para abrir una investigación sobre los abusos sexuales que, según la noticia, sufrían algunas presas por parte de funcionarios.
Quizás la parte personal, o el “perfil”, como se dice ahora del doctor Rubio no nos tendría que importar, pero en este caso creo que si es importante, porque una persona que de entrada posee estas características no puede dedicarse a la, se supone, noble profesión de la medicina, porque si hace todo esto con las personas que se supone pueden defenderse, ¿que no hará con el pobre que tiene indefenso en sus manos? Pues lo que hizo, hicieron con mi hijo: matarlo.
Volviendo al juicio de José Antonio, en total se celebraron tres vistas orales y quedó visto para sentencia. Por lo menos que la familia ya pueda descansar en este sentido.
Pero, para mí, y lo he repetido más de una vez y cada vez estoy más convencida de ello, en los casos de negligencias médicas con resultados graves donde no hay justicia y en los casos de muerte como en el caso de mi hijo que hasta el momento sus agresores han quedado impunes, solo vale una Ley: la Ley del Talión: “Ojo por ojo diente por diente”. Porqué esta gente sigue siendo mala, no siente ningún temor ni remordimiento por el daño, el sufrimientos ni las muertes que causa, por el dolor que inflige a las familias: ¡Nada! y…, siguen ejerciendo como si tal cosa, cuando no merecen respirar ni una brizna del aire de este mundo. ¡¡La ley del Talión!! Y, ¡Nada más!
Cuando califico a estos médicos de asesinos, alguien puede pensar que tratándose de una negligencia médica este calificativo pueda estar fuera de lugar, pero, no lo duden: quien sabe que puede matar, no lo evita, mata, no le importa haberlo hecho y encima se burla de su víctima, es peor que el asesino propiamente dicho, porque al propiamente dicho, lo puedes ver venir, te puedes defender de él, de este otro tipo de asesino, no! porque utilizan el “Abuso de confianza”, hecho tan grave que está tipificado en el Código Penal como agravante del delito criminal pero que los jueces lo ignoran descaradamente cuando se trata de defender a criminales de la “medicina”.
El domingo 25 de abril de este mismo año (hace dos días), un amigo mío me invitó a un pase de videos sobre psiquiatría que la “Comisión Ciudadana de Derechos Humanos” daba a conocer. La historia de la psiquiatría desde sus inicios hasta nuestros días, con el título, “Industria de muerte”. Una denuncia valiente sobre esta “industria” de horror y muerte que denuncian propios psiquiatras honestos, que los hay, sobre métodos que usaban o usan otros psiquiatras locos y crueles así como el negocio de las Multinacionales. Todo un mundo de crueldad y horror.
Viendo aquello, maldije una vez más a los médicos Benjamín Guix y Enrique Rubio causantes del sufrimiento y muerte de mi hijo. Viendo aquellos vídeos me maldije a mí misma por haber permitido que mi hijo cayera en las garras de gente cruel como la que presentaban en los vídeos.
Viendo aquellos videos, maldije una vez más a los jueces y políticos que permiten crímenes terribles como se cometen en la psiquiatría, entre otros el de mi hijo, aunque, en el caso de mi hijo, los médicos Guix y Rubio no son psiquiatras pero se les permite “vender” sus rayos “curalotodo” con engaño y sin pudor.
Entre otros jueces, en el caso de mi hijo Arturo, recordaré que la actual Presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, Maria Eugenia Alegret Burges, para proteger y dejar impunes a los médicos Guix y Rubio acepta de buen grado que le “frieran” - verbo que ha sido utilizado en algunos medios de comunicación -, el cerebro a mi hijo para tratar un problema psicológico. Alega que se “presupone” que le avisaron del riesgo. Acepta abiertamente que se cometan atrocidades, crímenes terribles para tratar problemas psicológicos. Solamente unos locos malditos pueden proponer una cosa así a un paciente y solamente un loco lo podría aceptar, y otro loco peligroso protegerlo contraviniendo el derecho a la vida. Y, mi hijo, no era ningún loco. Y, como queda claro, si no fueran todos de la misma camada nunca se podría proteger y tapar, hoy en día, una atrocidad como es la de quemar cerebros gratuitamente para tratar problemas psicológicos.
Los videos que presencié sobre tratamientos psiquiátricos, en el pasado, son de una crueldad espantosa, auténticas torturas propias de la inquisición, métodos imposibles de creer que se puedan concebir en la mente humana. ¡Desgraciada gente, desgraciados niños los que cayeron en las garras de aquellos locos, ellos sí, locos torturadores!… En el presente, después de pasados los años, esos torturadores siguen, y los jueces siguen protegiendo esas torturas y esos crímenes como es en el caso de mi hijo. Siguen protegiendo la “Industria de muerte”. No cabe duda: son de la misma camada.
De todas formas, no sé qué tipo de confianza pueden dar unos médicos que cada dos por tres se tienen que sentar en el banquillo por ser acusados de negliglencias tan graves como son las de muerte.