El día 17 de los corrientes (6/2004), mi abogado, lleno de indignación me notifica, telefónicamente, la resolución que han dictado las Magistradas, Mª Eugenia Alegret Burgues, Marta Font Marquina y Rosa Mª Agulló Berenguer, sobre el recurso  presentado en relación a la sentencia vía civil, dictada por el juez José Manuel Martínez Borrego. Sentencia, como todas, llena de errores judiciales y violaciones de todo tipo, incluida  una gran dosis de  ignorancia y de  cinismo, como no podían faltar.

Las personas que están pendientes del caso, tanto de dentro como de fuera de nuestro país, tenían el convencimiento de que la vía civil estaba garantizada, pues, ¿Cómo no se iba a ganar una demanda civil en un caso tan sangrante  como era el de mi hijo que por ley los culpables tenían que haber sido condenados penalmente y expulsados de la profesión médica de por vida?

Me viene a la memoria lo que me dijo el señor Ramón Saéz, en su momento, Magistrado Vocal encargado de las Inspección de los Tribunales del Consejo General del Poder Judicial: “Tenía usted que haber denunciado a los Magistrados de la Audiencia que son los que tenían la obligación de hacer las cosas bien. Pero…, ahora, no sea tozuda y vaya por  la vía civil porqué la tiene ganada”  ¿…?
Naturalmente, quedó, como todos, horrorizado de lo que habían hecho a mi hijo. Lo peor que habían oído nunca. Su intención era buena, pero…Nada se hizo.

No obstante, la maraña que tejieron desde un principio los jueces, los siete años que tuvieron que pasar hasta que no pude hacer sentar en el banquillo de los acusados a los médicos Guix,  Rubio y a la clínica DEXEUS, todas las irregularidades habidas y por haber de las que echaron, y echan  mano, los jueces, la historia falseada desde un principio por parte, principalmente del juez Assalit Vives, copiada por todos los demás jueces, tergiversando los hechos para confundir a la opinión pública, todo, no hacía presagiar nada bueno. Por lo tanto, la decisión de estas mujeres, no tenía que haberme venido de nuevo.

Sí que me preguntaba, si habría alguien lo suficientemente valiente y honesto para tirar al traste las atrocidades que habían dicho en sus sentencias todos los jueces que les precedieron. Naturalmente, no ha habido ninguno.

Propuestas para ganar el juicio por la vía civil, las tuve al principio: Recuerdo como el doctor Jordi Jornet Lozano, médico Forense del Juzgado de Instrucción nº 8 de Barcelona,  le decía a mi anterior abogado Javier Selva: “¡Convéncela, tú! ¡Convéncela, tú! Porque si no, no tenéis nada que hacer”. Se refería a que retiráramos la querella criminal, porque según él nada iba a hacer para que un compañero suyo fuera a la cárcel. Insistió en que retiráramos la  querella criminal; si lo hacíamos nos ayudaría y nos invito a pedir muchos millones cuantos más mejor que para eso ellos pagan tanto dinero a las compañías aseguradoras. Como que yo no acepte su sucia pretensión, en el juicio actuó como perito de parte de ellos (prohibido lógicamente, pero en este juicio las mayores barbaridades estaban permitidas), inventado cosas terribles sobre mi hijo al que no había conocido, pues ni siquiera quiso verle cuando aún estaba vivo, algo que le pidió mi abogado: “Por lo menos ve a ver al chico”, no quiso, y solo sabía de él que había padecido una neurosis obsesiva, y que sus “compañeros” a los que tanto protegía, le habían destrozado y matado. Hecho que tuvo que reconocer delante nuestro, aunque como es lógico, privadamente.  Este es uno de los tipos que también hubiera tenido que denunciar sin ningún miramiento. Pues cometió perjurio condenado con cárcel en el Código Penal. Pero… ¡Tenía que denunciar a tanta gente!...

Y, así, aún teniendo toda la razón, reconocida  en medios médicos y judiciales, aunque parezca imposible, todos los jueces que me han tocado en suerte, exceptuando a los Magistrados de la Sala 5ª de la Audiencia Provincial, en aquel momento, Modesto Ariñez Lázaro, Elena Guindulain Oliveras y Nuria Zamora Pérez, que  abrieron el caso a petición mía cuando alegué principios de criminalidad en la actuación de los médicos Benjamín Guix Melcior,  Enrique Rubio García y  la Clínica DEXEUS, y exceptuando a Montserrat Arroyo Romagosa, quién ordenó el Auto de apertura del juicio oral, todos son, del mismo talante, o todos tienen los mismos compromisos, puesto que sentencias más partidistas, no existen otras.

Pero, cuando uno cree que ya es imposible llegar a decir más atrocidades y más  barbaridades de las que ya se han dicho, decir más mentiras de las que ya se han dicho, violar más las elementales normas de protección a la salud y a la vida de lo que ya se han violado, pisotear más la dignidad de las personas de lo que ya se ha pisoteado, pues…, con esta gente, siempre puedes esperar más, aunque no te pueda caber en la cabeza.

Cuando la capacidad de inventiva, el cinismo, el despotismo, los despropósitos, burlas y provocaciones que he tenido que soportar durante tantos años por parte de los jueces parecía imposible de superar, estas tres mujeres, las Magistradas, no solamente lo han superado con creces,  sino que han hecho un ejercicio supremo de ataque frontal contra  la propia Justicia que ellas están obligadas a defender, difícil de superar.

Así que tenga la sentencia en mis manos, pasaré a informar de los contenidos más salvajes.

Puedo adelantar que, se está preparando Recurso ante el Tribunal Supremo, querellas contra las Magistradas, Alegret, Font y Agulló, y contra el juez José Manuel Martínez Borrego.
También se entregará informe y petición de Amparo, al Fiscal General del Estado, a los Magistrados del Consejo General del Poder Judicial, y a los Presidentes de los Partidos Políticos.

Nunca una protección judicial desaforada hacía unos médicos, por más poderosos que  éstos sean o por más convenios que existan entre jueces y médicos, puede burlar y pisotear las leyes de un país que se autodefine como democrático y defensor de los Derechos Humanos. Ni dejar impune una actuación criminal de las más brutales cometidas dentro del mundo de la medicina de un país, equiparada, y lo diré una vez más, con las atrocidades que cometieron los médicos de la Alemania NAZI con sus crueles experimentos. RECUERDEN: Con una sola sesión de rayos gamma, una sola, “achicharraron”, expresión utilizada por la señora Fiscal en una de las vistas orales de juicio, el cerebro físicamente sano de mi hijo, cuando él tan solo pretendía solucionar un problema psicológico. 
No lo olviden: No le dejaron ni la más mínima posibilidad de esperanza de vida.  La bomba letal de relojería que le colocaron “clandestinamente” en su cerebro, le condenó irreversiblemente a una muerte espantosamente cruel. 

Y, saben: Mi hijo estuvo tan seguro de que el tratamiento aplicado en la Dexeus, no le iba a causar ningún daño, que éste quedó totalmente borrado de su subconsciente. Dentro de la demencia senil que le provocaron con la radiación Guix y Rubio, en los momentos que ésta le permitía un poco de claridad y se daba perfecta cuenta de las condiciones en que se encontraba, y cuando los dolores se le agudizaban, preguntaba angustiado y desesperado: “Pero, mamá ¿qué es lo que me ha pasado? ¿He tenido un accidente de moto o de coche, o me he caído esquiando?”… Lo de la Clínica DEXEUS, estaba borrado de su mente. Tal fue la confianza que depositó en este tratamiento y la confianza que depositó  en el doctor Guix, quienes se trataron como amigos que se conocieran de toda la vida.  Ahí se fraguó un gran Abuso de Confianza que hizo que mi hijo plenamente confiado e inocentemente, firmara, sin saberlo su sentencia de muerte.
Recuerdo con tanta pena que,  cuando salimos de la consulta del doctor Guix en la clínica DEXEUS, mi hijo me dijo: “Sabes, mama, el doctor Guix me cae muy bien, se ve que es una buena persona”.
Él nunca pudo saber que, aquella buena persona como él creía, unos años después se burlaría de él, de sus atroces sufrimientos e incluso de su cruel muerte. Los atroces sufrimientos y la cruel muerte que, él y su compinche Rubio, le provocaron salvajemente a través de sus “rayos bromistas”, aplicados por “el ojo clínico”, como ellos mismos confesaron cínicamente. ¿Cabe mayor burla cruel?