Del Derecho a la Protección de la Salud:

Capítulo único. Artículo 1º. La Presente Ley tiene por objeto la regulación general de todas las acciones que permitan hacer efectivo el Derecho de la Protección de la Salud reconocido en el artículo 43 y concordantes de la Constitución.
Artículo 18.8: La promoción y mejora de la salud física y mental.  

  El artículo 343 del Código Penal, dice:

El que exponga a una o varias personas a radiaciones ionizantes que pongan en peligro su vida, integridad, salud o bienes, será sancionado con la pena de prisión de seis a doce años, e inhabilitación especial para empleo o cargo público, profesión u oficio por tiempo de seis a diez años.

     Si bien son muchas las leyes que protegen nuestra salud y nuestra vida, cada día siguen muriendo muchas personas de forma gratuita por diferentes causas: por actos terroristas, en manos de maltratadores, de borrachos manejando el volante de un coche, por envidias, racismo…Y, muere gente inocente en guerras crueles provocadas por unos u otros intereses y, ¡por tantas causas más!…. Algunos Gobiernos, Políticos, Legisladores y Asociaciones varias, trabajan para intentar erradicar o al menos aminorar en lo posible todas estas atrocidades que rompen con lo que debiera ser la convivencia pacífica entre los humanos.
    
Yo, no voy a hacer aquí ningún tipo de comparación porque, la muerte, el dolor, los sufrimientos y los sentimientos, no tienen comparaciones: Cada muerte, es una sola muerte, cada dolor,  un solo dolor, cada sufrimiento, cada sentimiento…, uno solo.
    
Pero sí he de decir, y recordando las palabras de mi querida compañera y amiga Carmen Flores, que nuestros incapacitados y nuestros muertos valen lo mismo que los causados por otros tipos de agresiones, y que nuestros sufrimientos son los mismos porque nosotros no somos de papel. Algo que creemos que ya, ni aquellos Gobiernos, Legisladoras y Asociaciones que defienden los Derechos Humanos pueden seguir ignorando por más tiempo. Al menos esto es lo que esperamos.

     Me dicen que soy agresiva y reconozco que es cierto, pero, cuando estas incapacidades y estas muertes las provocan quiénes tienen la responsabilidad de proteger nuestra salud y nuestra vida, por quienes utilizando el "abuso de confianza" tipificado en nuestro Código Penal como agravante de la responsabilidad criminal, y utilizando el "estatus" que su condición les confiere, engañan, estafan, destrozan y matan, y no se recibe ni el más mínimo reconocimiento por parte de la justicia sino todo lo contrario: sólo se recibe escarnio, provocación e indefensión, no cabe duda de que el agredido, directa o indirectamente, tiene todo el derecho del mundo a ser agresivo, cuando no convertirse en agresor.

     Al médico nadie le pone un puñal en el cuello y le amenaza si no salva una vida que quizás ya sea imposible salvar. Al médico, sólo se le reclama su profesionalidad, que él mismo - no nos olvidemos -, nos vende (en algunos casos con grandes carteles publicitarios), para curar o intentar curar nuestros males. Sabemos que él médico no siempre consigue, por más interés y empeño que ponga en ello, curar las enfermedades y salvar todas las vidas que llegan a sus manos, somos bien conscientes de ello - tendría que ser un Dios y sólo es un humano -, y tenemos la seguridad de que muchos médicos ante su impotencia, lo deben pasar muy mal: Se supone que éstos son los que llamamos médicos de vocación, a los que, no cabe duda agradecemos esta su vocación para que nos puedan ayudar cuando necesitamos atención médica.

     Pero, luego están los "otros": los que violan el principio de la medicina que es el de, "no causar mas daño del que se intenta reparar", los que utilizan a los pacientes, sin su consentimiento, como si fueran animales de experimentación, provocándoles daños atroces, sufrimientos inimaginables y muertes espantosas: son los auténticos peligrosos sociales a los que hay que condenar sin paliativo alguno, a los que hay que retirarles de por vida su licencia para que no puedan seguir ejerciendo nunca más y no puedan seguir cometiendo más daños ya que, tristemente, los "otros", siempre reinciden.

     Si de unos de estos peligrosos sociales voy a hablar, también voy a hablar aquí, de otros no menos peligrosos puesto que son los que les apoyan, protegen y permiten con sus decisiones arbitrarias que sigan cometiendo más atrocidades y, en consecuencia más víctimas: Unos violan el Código Deontológico Médico al que se deben y, otros violan las leyes que ellos mismos están obligados a hacer cumplir.

     La vida humana es única, sagrada e inviolable, y nadie tiene derecho a pasar por esta vida violando y segando vidas ajenas y seguir impunemente como si nada hubiera pasado, como si nada se hubiera hecho. Solo hay un derecho que nos asiste para segar una vida ajena: la defensa propia.


**********


"Cabe llegar a una primera conclusión fáctica, el paciente sufría una enfermedad que debía ser tratada de forma agresiva. Es decir, mediante métodos que pudieran incluso comportar riesgos para su vida o su propia integridad física".

      Esta frase lapidaria, es a la conclusión que ha llegado el juez José Mª Assalit Vives, en su momento titular del Juzgado Penal número 13 de los de Barcelona, refiriéndose a la muerte de un muchacho que, físicamente sano, fuerte, inteligente y bondadoso, únicamente pretendía solucionar un problema psicológico - una neurosis obsesiva -, para poder vivir una vida sin preocupación en cuanto a su salud.
    
El juez Assalit Vives considera, al igual que lo consideraron los nazis en su tiempo, que a la gente que padece problemas psicológicos o mentales, ya se la puede matar impunemente. Ya se le puede aplicar tratamientos, aunque se sepa de antemano que pueden resultar  irreversiblemente mortales y, aunque violen descaradamente las leyes tanto penales como sanitarias y constitucionales de nuestro país.
    
Sólo por la gravedad de esta frase, el juez José Mª Assalit Vives, debería de haber sido expulsado "ipso facto" de la profesión de juzgador, pero…. No solamente no ha sido así, sino que las sentencias que le han seguido, a través de los recursos presentados, han basado sus argumentos en esta misma sentencia, aumentando, si cabe su contenido en prevaricación, en burla, en provocación y, en definitiva, en el desprecio más brutal que existir pueda hacía la dignidad y la vida humana.

      A mi hijo, un joven físicamente sano, fuerte, con una salud de hierro, inteligente y bondadoso, en la clínica DEXEUS, una "prestigiosa y adelantada" clínica Barcelonesa, le ofrecieron el "tratamiento del futuro" (que es como nos lo vendieron), para solucionar su problema psicológico: una neurosis obsesiva.

      El tratamiento era atractivo: Una sola sesión de rayos gamma, con una duración en total de 20 a 30 minutos, pudiendo regresar a casa de inmediato y seguir con su vida habitual: no más visitas al psiquiatra, no más pastillas, no más nada de nada.

      Antes de seguir, quiero llamar la atención sobre la vida habitual que llevaba mi hijo Arturo antes de que hiciera su aparición el resultado fatal del tratamiento radioterápico porque, como se podrá ver más adelante, en la sentencia esgrimida por el juez José Mª Assalit Vives, éste presenta a una persona que nada tiene que ver con la que en realidad era mi hijo: La vida habitual de Arturo, era, después de terminar el bachiller, y antes de que hiciera su aparición el resultado fatal de la radiación, "combinar" su tratamiento psiquiátrico, con el estudio de la carrera de música que ya había iniciado siendo muy jovencito; viajar, como buen aficionado a la música, asistir a conciertos y a la ópera, practicar el deporte, como buen aficionado a la fotografía, dedicar un tiempo a sacar buenas fotos, ayudar en el negocio familiar…También quiero decir que, Arturo era una persona que tenía capacidad para desarrollar muchas facetas: tenía buena memoria y recitaba muy bien, no tenía una gran voz pero cantaba muy bien y era un gran bailarín sobre todos de los bailes rusos en los que se necesita una gran fuera y vitalidad; en cuanto a los deportes, además del esquí, practicaba el baloncesto y también como deporte de hielo, el patinaje. Además era un buen lector, y una persona muy obsequiosa, nunca se olvidaba de las onomásticas y de las festividades señaladas para hacer sus regalos a la familia y amigos. Sentimiento este último que conservó hasta los últimos días de su vida en medio de la confusión provocada por le demencia senil impuesta gratuitamente.

     Según los médicos, Arturo se podía someter al tratamiento propuesto con toda tranquilidad. Los rayos aplicados a través de la nueva técnica eran curativos o inocuos: "¡Valía la pena probar!". Y, esto fue lo único que aceptó Arturo ya que no corría riesgo alguno.

     Pero la realidad fue muy distinta: el tratamiento sí constó de una sola sesión como nos habían dicho, pero el tiempo en que estuvo ingresado no fue de veinte a treinta minutos como también nos habían dicho, sino que fue de tres horas y cuarto, tiempo dentro del cual, 2 horas y 20 minutos fue destinado a irradiar su cerebro. El cerebro de Arturo, como diría nueve años más tarde la señora Fiscal en una de las vistas orales del juicio, fue "achicharrado".

   Una sola sesión, UNA SOLA, y UNA DOSIS LETAL DE RAYOS GAMMA acabaron con su joven vida. Arturo ingresó en la clínica DEXEUS con un cuerpo y un cerebro físicamente sanos, y salió condenado a muerte: a una muerte espantosa y cruel, a través de una actuación brutalmente criminal. 

     En un cáncer, por más avanzado que éste esté, siempre puede existir un hálito de esperanza de vida: un milagro de la propia naturaleza…, un tratamiento descubierto a última hora…. Con el exceso de radiación, no hay esperanza posible, porque no hay salvación posible: las células chocan unas contra otras, se produce una reacción en cadena imposible de detener y… la muerte.

      Pero, el juez José Mª Assalit Vives, no se ha conformado tan sólo en decir la frase lapidaria que tenía que haberle costado el puesto de juzgador, sino que en su sentencia hace acopio de las invenciones, mentiras y falsedades más escandalosas inspiradas, a todas luces en las invenciones, mentiras y falsedades dichas por los acusados y que, faltado de la ética profesional que debería regir en todo juez que se precie de serlo, las hace tan suyas, hecho que, lógicamente, ante la injusticia de la que ha sido víctima mi hijo, me va llenando cada día más, si ello es posible, de indignación y desesperación.

      Mi familia y yo, que hemos vivido la vida con mi hijo - un buen hijo -, su neurosis y su tragedia que únicamente fue posible porque tuvimos la gran desgracia de encontrar en nuestro camino a dos seres malditos y sin escrúpulos, resulta imposible aceptar calladamente la burla que supone esta sentencia, la falsedad de su contenido y la imagen que se ha querido dar de mi