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Cuando en el día de hoy son miles las querellas y demandas que llegan a los juzgados denunciando errores, negligencias, imprudencias o auténticos actos criminales médicos, hechos que violan a todas luces el derecho a la dignidad y a la vida humana, éstos no solamente no reciben el reproche social y mediático que se merecen, sino que reciben el apoyo más descarado, partidista y feroz por parte del sistema judicial así como la indiferencia de una buena parte de la clase política. Indiferencia que, ya sea por ignorancia, por intereses económicos o partidistas o, simplemente por desinterés, hace oídos sordos a las llamadas desesperadas y justas de estas otras víctimas que, directa o indirectamente agredidas se las somete, de forma continuada, a padecer grandes injusticias sociales y judiciales además de provocarles grandes sufrimientos añadidos y de sumirlas en la indefensión más absoluta.
Yo, aquí no voy hablar de todas las víctimas de las que tengo conocimiento y que lo son de verdaderos actos terroristas médicos, de la verdadera mafia médica, pues necesitaría centenares de páginas para poder exponer tan solo algunos de los casos que conozco personalmente; aquí solamente voy a hablar, una vez más sobre la muerte de mi hijo Arturo, a raíz de una actuación médica que, si bien ha escandalizado a profesionales de la medicina de dentro y fuera del Estado Español y ha sido comparada con los experimentos atroces que llevaron a cabo los médicos de la Alemania nazi, ha sido protegida sistemáticamente y descaradamente por un poder judicial llamado independiente que, aunque consciente en algunos círculos de la gravedad del hecho y de las sentencias escandalosas que se han emitido para no condenar a los culpables, la realidad es que nada se ha hecho, hasta el momento, para enmendar esta gran injusticia judicial. Y así, año tras año, sentencia tras sentencia, los jueces, en este caso al igual que en otros muchos casos, violando las leyes tanto penales como sanitarias y constitucionales que ellos mismos están obligados a hacer cumplir, han protegido y protegen a los que, criminalmente y cínicamente, han burlado, estafado y pisoteado los derechos más sagrados que asisten a los seres humanos. Que asistían a mi hijo Arturo: su Derecho a la dignidad y su Derecho a la vida.
Antes de seguir con mis declaraciones sobre la muerte de mi hijo Arturo, y sobre la sentencia judicial que hizo posible que una de las actuaciones médicas de entre las más salvajes cometidas en el mundo de la medicina de nuestro país quedara impune, quiero transcribir unos párrafos de una carta escrita por mi querida compañera y amiga Carmen Flores, presidenta de la "Asociación el Defensor del Paciente", cuyo hijo es víctima de una actuación médica atroz en la que, según el juez, al igual que en el caso de mi hijo, los pacientes (su hijo y el mío) son lo que, "un feliz día decidieron de mutuo propio", quedarse, el uno tetrapléjico, y el otro, con el cerebro "achicharrado", utilizando, en este caso, la expresión que utilizó la señora Fiscal en una de las vistas orales del juicio. Según los jueces, a ellos se les informó de lo que les podía pasar y "ellos lo aceptaron": Como se podrá comprender, provocación más brutal por parte de los jueces, como es obvio, ya es imposible.
Aunque he dicho que aquí sólo voy a tratar el caso de la muerte de mi hijo y de la actuación judicial, hay dos casos que no puedo dejar de tocar aunque sea sólo rozándolos: el del hijo de Carmen Flores, a continuación y, el del joven José Antonio más adelante:
El hijo de Carmen Flores fue víctima de un médico
indeseable que, al igual que los que mataron a mi hijo, no merecería vivir.
Para evitar que en un futuro improbable pudiera quedar tetrapléjico debido a
una siringomelia, el médico tocó lo que no debía y lo dejó tetrapléjico. El
médico, cínico y sin un ápice de piedad ni remordimiento por lo que había
hecho a aquel pobre muchacho que tanto confió en él, le dijo que,
"todavía le tenía que dar las gracias porque otros se le quedan en la
mesa de operaciones". Y, añadió que, "si le quería denunciar que le
denunciara pero que sería su palabra contra la suya".
El hijo de Carmen Flores, que ya estaba en
una silla de ruedas desde muy jovencito debido a una sería de imprudencias médicas,
debido a sus malas experiencias se estuvo pensando durante un año si se operaba
o no, pero el miedo que le infundió el mismo médico diciéndole que si no se
operaba corría el riesgo de quedarse tetraplejico y, esto si que, sería lo
peor que le podría pasar, hizo que se decidiera. El joven hijo de Carmen, vive
un calvario difícil de explicar, pues no es sólo el hecho de haberle dejado
tetrapléjico que, como le dijo el médico era lo peor que le podría pasar,
sino que debido a su inmovilidad, está lleno de males, heridas que no se pueden
curar, y lleno de sufrimientos físicos y morales. ESTAS SON LAS GRANDES OBRAS
QUE REALIZAN ALGUNOS INDIVIDUOS A LOS QUE TANTO PROTEGEN LOS JUECES Y LA
ADMINISTRACIÓN EN PLENO. Esperemos que algún día a toda esta gente se les
despierte la conciencia, se les caiga la cara de vergüenza y, reaccionen.
Seguidamente, unos párrafos de la carta:
Deseo
hacer una exposición que, desde luego no está basada en el morbo ni en un
relato lastimero. Ni es mi deseo dar lástima, sino que lo que deseo y por lo
que estoy luchando es por lo que debiera ser normal en un Estado de Derecho: que
la Justicia y la Administración cumplan con los derechos fundamentales de
equidad y justicia para todos.
En mis
largos años de desgraciada experiencia en el orden sanitario y de justicia, lo
que me he encontrado en el 98% de las ocasiones es dolor, indefensión,
impotencia y una triste sensación de abandono por parte de las autoridades
administrativas, políticas y de justicia.
Lo que
debería ser normal, se convierte en mafia pura y dura: jueces que emiten
sentencias que podíamos calificar de demenciales y que cuando las lees, son más
propias de un inquisidor que de un juez.
La
Administración que solo elude las responsabilidades de aquellos que, amparándose
en la medicina, manipulan, humillan y condenan a un paciente a ser una cosa, y
no un ser humano con opinión y decisión propia. El oscurantismo en el que se
mueven les hace actuar con la más vergonzosa impunidad, teniendo a su servicio
una máquina administrativa y "legal", para defender a costa de lo que
sea una muerte, una incapacidad, sin importarles cuantos sufrimientos van
dejando por el camino. Y, curiosamente, cuando te "atreves" a
denunciar públicamente, te acusan de vengativa o de querer sacar dinero: ¡¡Imbéciles!!.
¿Qué compensación tiene una inmovilidad de por vida, y una pérdida inútil
de una vida en cuanto a lo que se refiere a la venganza?. Personalmente, no
estaría escribiendo estas líneas en mi casa: estaría en la cárcel y el médico
que nos ha arruinado la vida, en el cementerio. A eso sí se le llama
venganza.
(…)
Las
víctimas de negligencias no somos nada y por supuesto, todos sin excepción
"vamos a por dinero", o estamos locos. Esta es la idea que desde la
Administración se tiene de nosotros.
Pero
quiero que sepan que esto solo acaba de empezar, porque mientras la salud y la
vida me respeten, seguiré intentando con las denuncias y reivindicaciones que,
con ayuda de mis compañeros podamos hacer: exigiendo nuestros derechos a ser
tratados como en otros órdenes de la sociedad, porque nuestros muertos valen lo
mismo que los del terrorismo, violencia doméstica o de cualquier otra agresión.
Nosotros no somos de papel y sufrimos lo mismo.
(…)
Miles
de víctimas al año, no hacen mover un ápice la conciencia de los poderosos,
porque, entre otras cosas, el poder les corrompe, y de ahí esa falta de
sensibilidad y de conciencia. Hacen las leyes por y para ellos y, solo cuando necesitan el voto del
ciudadano, se acuerdan de él buscando como buitres, con demagogia la migaja que
pueda llevarles al poder.
(…)
Para
terminar, una súplica a todos aquellos médicos que, por incapacidad, descuido,
ignorancia se les "vaya" un paciente de las manos y sepan que va a
quedar tetrapléjico o en coma de forma irreversible, ¡Por Dios!, "¡REMÁTENLO!"
y no lo condenen a estar muerto en vida. El ser humano tiene derecho a vivir,
sentir, amar y, en definitiva a una calidad de vida mínima, porque…, la
propia palabra lo dice: ¡VIVIR, NO VEGETAR!.
Esta carta fue escrita en el mes de septiembre de 2003.
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Aunque mucho he escrito sobre el caso de mi hijo, e incluso en un principio utilicé este medio para denunciarlo y sobretodo para denunciar a los jueces que lo juzgaron, ahora ya no era mi intención seguir utilizándolo, pero debido a que periódicamente van saliendo noticias sobre el caso en diferentes Webs, que llevan a la confusión ya que se basan sobre las sentencias dictadas por los jueces llenas de mentiras y falsedades, me veo en la triste necesidad de utilizarlo nuevamente para elevar una vez más, públicamente, mi indignación y mi repulsa por la forma en que se está tratando judicialmente e incluso políticamente la muerte, el asesinato de mi hijo en manos de los médicos Benjamín Guix Melcior y Enrique Rubio García. Mi deseo pues, es que todo aquel que esté interesado en este caso, pueda disponer de información de primera mano, después compare y, después pueda sacar sus propias conclusiones.
Mis declaraciones están escritas en la forma que sé y siento y que, si bien a menudo se me acusa de ser agresiva en las formas que utilizo, tanto escritas como habladas, no hay que olvidar que, nosotros, en este caso los familiares de las víctimas, vivas o muertas, somos los más agredidos y los tratadas con más agresividad y ello, con la agravante de tener que llevar clavados en el corazón, los sufrimientos que padecen, cuando no la muerte que padecieron nuestros seres más queridos: hijos…, padres…, hermanos…, esposos…Y, todo por culpa de unos seres malvados y sin escrúpulos que no sienten ni un ápice de remordimiento ni de pudor, cuando violan y matan. El único derecho que nos han dejado es el de ser agresivos aunque solo sea de palabra, pues toda esta gente ha tenido la suerte de encontrarse con víctimas pacíficas porque de los contrario, unos ya no estarían aquí para burlarse y reírse de los sufrimientos que provocan, ni los otros para seguir emitiendo sentencias que protegen a auténticos criminales que se enriquecen a costa de las necesidades, del sufrimiento y de la muerte de los seres humanos.
Todos
tenemos derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún
caso, nadie pueda ser sometido a torturas ni a penas o tratos inhumanos o
degradantes.
La Legislación
General de Sanidad, dice:
Artículo
12. 1.: Los Estados partes en el Presente pacto reconocen el derecho de las
personas físicas al disfrute del más alto nivel posible de salud física y
mental.