
(En relación a la sentencia dictada por las Magistradas de la Audiencia Provincial de Barcelona: María Eugenia Alegret Burgués, Marta Font Marquina y Rosa María Agulló Berenguer )
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Yo,
como sería lógico, después del Recurso presentado por mí abogado ya
nada tendría que decir sobre esta impresentable sentencia, pues todo
está rebatido de la forma más profesional y constitucionalmente
correcta en lo que se refiere estrictamente a la propia sentencia. El
Consentimiento Informado, aunque en el caso de mi hijo, ¿qué valor
puede tener, pues con consentimiento o no, cómo se puede aceptar que
unos médicos puedan quemar el cerebro físicamente sano de un muchacho,
sin dejarle además ni la más mínima posibilidad de esperanza de vida?
¿Quién va a aceptar que le “achicharren” el cerebro cuando lo único
que se pretende es solucionar un problema psicológico para poder vivir
una vida sin preocupación en cuanto a su salud; una vida que mi hijo ya
tenía plena por su forma de ser y por su capacidad intelectual y artística
a pesar de su neurosis obsesiva? Pero, puesto que los jueces es en lo
que basan la no condena de
los acusados, ni este derecho se le ha respetado: el Derecho
a ser informado tal cual marca la ley. Y aunque hubiera habido un
riesgo de uno entre un millón – cosa que no es así
como nos quieren hacer creer estas Magistradas, se producen
muchos daños y muchas muertes por causa de la radiación -, era
obligación de los médicos informarle: De vida sólo tenemos una y ésta es sagrada e inviolable. Pero,
nada se ha respetado en el caso de mi hijo. Y, las más grandes
atrocidades son el resultado de la ceguera por parte de unos jueces que,
invadidos por una especie de locura colectiva,
lo único que les preocupa es
proteger a sus defendidos a
costa de lo que sea, y digo defendidos porque más bien abogados
defensores parecen que jueces con la obligación de impartir justicia
con rigor, honestidad y dentro del marco estricto de la Ley. Nuestro
Sistema Político (responsable del judicial, puesto que los políticos
aprueban o no las Leyes según les conviene, por lo tanto que no nos
vengan con la excusa de la independencia judicial para evadirse de sus
responsabilidades), permite, también ciego y sordo de conveniencia,
valga la redundancia, las atrocidades que cometen los jueces en sus
sentencias, permiten la violación de la dignidad de los seres humanos,
permiten que se protejan a asesinos, estafadores, gente que, utilizando
el “Abuso de confianza”, como ya he dicho en varias ocasiones,
tipificado como agravante del delito criminal en el Código Penal, engañen,
estafen, violen, destrocen y
maten. Y, todo, con la excusa de la independencia judicial. Y, así, en
un país donde los políticos con la boca llena nos hablan repetidamente
de los derechos humanos y de la defensa del derecho a la vida, permiten
que los jueces dicten sentencias donde son pisoteados todos los derechos
que nos asisten, todos, y como que su palabra es la ley, la indefensión
es absoluta. Las
señoras Magistradas, Mª Eugenia Alegret Burgues, Marta Font Marquina y
Rosa María Agulló Berenguer, tienen el cinismo de empezar la sentencia
con la siguiente frase: “Nada
puede consolar a una madre de la pérdida de un hijo. Tampoco una
resolución judicial”… Que
nada puede consolar a una madre de la pérdida de un hijo, es una gran
verdad. Una de las pocas verdades que dicen estas tres mujeres en su
sentencia, aunque ellas deberían de saber que, no es lo mismo perder a
un hijo por causas inevitables, como puede ser una enfermedad
irreversible después de haber hecho todos los imposibles para intentar
salvarlo, a perderlo cuando el hijo es una persona físicamente sana y
fuerte con grandes ilusiones y proyectos en la vida que tan solo
pretende solucionar un problema psicológico y que unos desalmados lo
maten salvajemente… Entre los dos casos, hay una gran diferencia. Y,
que, además, no solamente lo maten sin saber que pueden matarlo, que
entraría dentro del campo del “error médico” – muy discutido
naturalmente -, sino que
saben que pueden matarlo y, no solamente no lo evitan, sino que encima
bromean con las famosas
frases de que: Aplicaron la
radiación por “el ojo clínico”,
o que, No lo avisaron del riesgo porque:
“¡Hombre! Nadie se lo haría”, o que: “Los
rayos de vez en cuando dan una broma y si la dan es
imprevisible”. Observen
que, una frase que debería de haber sido condenatoria como la de que,
“no se avisó al paciente del riesgo porque nadie se lo haría”,
hasta los jueces la toman como muy conveniente y acertada, tanto, que
haciendo gala de un gran
cinismo y desfachatez, la utilizan como propia. Otra
verdad es la de que, una resolución judicial tampoco puede consolar.
Pero, fíjense que, una resolución judicial justa, no añade el
sufrimiento que añade la resolución injusta; que protege
descaradamente al agresor o agresores, que viola las leyes que nos
protegen y en definitiva, que se burla del sufrimiento de la víctima y
de su muerte provocada gratuitamente y del dolor de toda una familia. Nuevo
acto de cinismo desmesurado por parte de estas tres mujeres, es en el
tema del Consentimiento Informado, como ya he dicho. Por un lado,
exponen íntegramente como debe ser el CI, como habrán podido observar
en la sentencia, pero, por otro lado en el caso de Arturo, no es tan
importante porque, según ellas,
“aunque no esté especificado el riesgo de muerte por ser improbable,
cabe pensar que sí fue informado porque de lo contrario no hubiera
aceptado el riesgo de la intervención posterior por radiofrecuencia más
arriesgada de la que nos ocupa según se dice en la demanda”. O
sea: “que cabe pensar”,
que fue informado, porque según ellas, haciendo
un gran alarde no ya de videntes, videntes embusteros claro está,
como hicieron los otros jueces, sino de precocidad, ya preconcibieron
que Arturo se trataría con el doctor Burzaco cuando ni siquiera estaba
en la mente de Arturo, y debido a esta precocidad… ¿que más daba que
lo avisaran o no del riesgo? Cabe pensar…, y si no se piensa: pues da
lo mismo. Y así vamos añadiendo
estiércol sobre estiércol, hasta que el caso quede bien aplastado,
hundido y olvidado, y la
madre nos deje de una vez
por todas ya de hacer
la puñeta, por no decir otra cosa. Lo
de mayor riesgo, se lo inventan los jueces que, en su ignorancia, o conveniencia,
(incluso hay quién cree que es una “conveniencia política” el no
condenar a los médicos, porque de otra forma no se puede explicar),
han sido incapaces de indagar en la literatura médica, para distinguir
la radiofrecuencia de las radiaciones ionizantes y elaborar una
sentencia basada en los conocimientos científicos esenciales y básicos
de los que debe disponer un juez o jueces que deseen elaborar una
sentencia justa: Las radiaciones ionizantes mal aplicada, matan como
mataron a mi hijo, hecho demostrado hasta la saciedad: la
radiofrecuencia, no. No
dudo que cuesta creer que los jueces digan o inventen o escriban cosas
que no son, pero les recordaré un detalle: En la sentencia dictada por
los jueces Jesús María Barrientos Pacho, María Pilar Pérez de Rueda
y Fernando Valle Esqués, los acusados somos tres: Benjamín Guix
Melcior, Enrique Rubio García e Isabel Ferragut. Es cómo si yo misma
me hubiera acusado de la muerte de mi propio hijo. ¿…? Incluso
en la sentencia dictada por el juez José Mª Assalit Vives, éste
haciendo acopia de una gran ignorancia, mezcla las radiaciones con la
radiofrecuencia e incluso dice que, la radiofrecuencia provoca
hemorragias, cuando es utilizada precisamente para cauterizarlas.
Sentencias todas, basadas en el desorden y el chafarrancho
más escandalosos. Barriendo,
eso sí, siempre para casa de sus protegidos, los médicos. Y, nunca, nunca mi hijo, en ningún momento,
aceptó un tratamiento con riesgo de ningún tipo para solucionar su
problema psicológico. La prueba está en el rechazo del tratamiento
propuesto en el Hospital del Valle de Hebrón, cuando informaron de los
riesgos que comportaba, hecho del cual todos los jueces
son bien conocedores (aunque muy olvidadizos cuando les
conviene), puesto que fue en este Hospital donde le vendieron el
“tratamiento del futuro” que aplicaban en la clínica privada DEXEUS
y le costo la vida. Hecho
que, incluidas estas tres mujeres, curiosamente y convenientemente,
también han olvidado. Como también han olvidado las preguntas escritas
de puño y letra de Arturo, donde queda más que reflejado
repetidamente, lo mucho que el quería asegurarse de que nada malo le
pudiera suceder, ni
siquiera que le cambiara lo más mínimo el carácter o su sensibilidad
artística, algo que les recalcó más de una vez temiendo que algo así
pudiera suceder. Todo lo quería tener muy bien asegurado. Él,
independiente de sus “manías” estaba contento de su forma de ser y
toda su familia también. Era bueno, atento, cariñoso, era respetuoso
con todos, un buen hijo…un buen amigo… Inteligente y una persona
encantadora, como decían quienes le conocían. Una excelente persona
que tuvo la gran desgracia de caer en manos de malvados asesinos sin un
mínimo de conciencia. Dicen
que: “No
existe constancia alguna de
que la radiación hubiera sido mal aplicada a nivel de intensidad”.
Un cerebro perfectamente sano, que ni siquiera presenta las irritaciones
en la corteza cerebral que suelen presentarse en los problemas mentales
o incluso en simples depresiones, que
ha sido “achicharrado”, utilizando la expresión que utilizó la señora
Fiscal en una de las vistas orales del juicio en la causa penal, y que
según el propio juez Assalit Vives dice en su sentencia, “este
juzgador reconoce que se ocasionó una lesión necrótica de gran
entidad no deseada que obligó a tomar ininterrumpidamente grandes
cantidades de corticoide Dexametasona …” (ver sentencia dictada
por el juez Assalit Vives y su descalificación). Decir que no hay
constancia de que la radiación no hubiera sido mal aplicada cuando le
quemó el cerebro y le condenó a muerte de forma irreversible;
de forma irreversible y cruel, y no sin antes tener que pasar por
una terrible operación para descomprimir el gran edema producto de esta
radiación solo con la intención de que padeciera lo menos
posible en su camino imparable e infernal hacia la muerte, sinceramente:
¡¡ES PARA MATARLOS A TODOS!! Y perdonen quienes lean esta página que me
desborde de esta forma, pero es que no hay para menos. Quizás, si hubiera hecho lo que tenía en
mente cuando murió mi hijo, “ellos” hubieran pagado “algo” el
daño que hicieron, no hubieran podido hacer daño a nadie más, yo ya
hubiera salido de la cárcel y aunque con el alma rota por la muerte de
mi hijo, no hubiera tenido que sufrir las atroces agresiones que, aún
después de muerto tiene que sufrir mi hijo por parte de unos jueces
como los que he tenido la desgracia que me tocaran en suerte. Pero…,
ya es demasiado tarde y no siempre tenemos valor para hacer todo lo que
quisiéramos hacer y creemos
que sería lo justo. Hacen
alusión al Dr. Valverde, que: “dijo
que una radiación mal aplicada puede llevar a causar la muerte lo que
desde luego parece obvio en el plano de la pura teoría. Lo que ocurre
es que no existe constancia alguna en los autos de que la radiación se
hubiera aplicado mal a nivel de intensidad o de extensión por una programación
defectuosa o por un defecto de la máquina”. No
obstante, tanto para la señora Moreto, quien siendo estomatóloga
ejerció la función de psiquiatra que es el especialista que habíamos
solicitado y se atrevió a hablar de radiaciones siendo una inexperta en
este campo, como para los médicos que minimizaron la radioterapia (la
peligrosidad de las radiaciones ionizantes), como es lógico para no
perjudicar a sus compañeros, sobretodo los que fueron pagados por Guix
y Rubio, como para las señoras Magistradas, para sacarlas
de su supina ignorancia, ignorancia
condenada en el artículo 447 del Código Penal, en cuanto a la
Administración de Justicia, expondré algunos informes con relación a
los tratamientos con radioterapia y su peligrosidad, que los médicos
Guix y Rubia sabían perfectamente que existían y omitieron
voluntariamente con engaño y alevosía. Repetiré una de sus famosas
frases:
“Los rayos de vez en cuando dan una broma y si la dan es
imprevisible”. Las
Revistas Médico-científicas, hacen referencia siempre a tumores
cerebrales cuando se trata de la aplicación de
la radioterapia, pues no se concibe en tratamientos de neurosis
obsesiva, a pesar de que algunos temerarios peligrosos, en la actualidad
criticados por algunos de sus colegas, las realicen. Desgraciadamente,
después de que me comunicaran que mi hijo iba a morir irreversiblemente
y me explicaran el motivo del porque iba a morir,( por efecto de las radiaciones aplicadas en la clínica DEXEUS, lo
que siempre se ha mantenido vivo),
digo, desgraciadamente, porque como es lógico de haberlo hecho antes mi
hijo estaría vivo, yo me entrevisté con médicos especialistas de
fuera de Barcelona, llegando a visitar al prestigioso Profesor Erik Olaf
Backlund, quien tuvo la amabilidad de recibirme en el Hospital Haukeland
en Bergen (Noruega), donde en aquel momento tenía la cátedra, pues él
pertenecía al Hospital Karolinska de Suecia, en donde, precisamente se
inició la técnica de los Rayos Gamma, mejor dicho, la técnica de
los “Gamma Knife”, una técnica para evitar al máximo los daños
que se les produce a las células colindantes al tumor a irradiar con la
misma radiación. Si han leído la parte correspondiente a mi
testimonio, recordarán que mi hijo, primero al doctor Nogués, y después
al doctor Guix, les preguntó, si estaban bien seguros de lo que le
proponían, preguntándoles además, si sabían lo que le podría pasar
dentro de cuarenta o
cincuenta años, puesto que con los rayos nunca se sabía y, que no debían
de olvidar que él iba a curar una neurosis y no a buscar lo que no tenía. En
el caso de mi hijo, la radiación se hubiera podido presentar en forma
de tumor canceroso con lo cual me hubiera resultado más difícil poder
demostrar el daño ocasionado, aunque médicos amigos me dijeron que,
partiendo el tumor del
punto de donde había sido irradiado el cerebro, con toda seguridad
el tumor sería el resultado de un exceso de radiación. Es
decir: un cáncer diferido. Los
especialistas que visité, muchos ya sabían del caso. Había corrido la
voz como he dicho, se quedaron aterrados, y no comprendían, ni
comprenden todavía, como estos dos individuos, Guix y Rubio, no han
sido condenados y expulsados de la profesión médica para siempre. De
ahí que se especule que tienen que primar aspectos políticos
importantes porque de lo contrario es imposible que estos dos no hayan
sido condenados. Mejor dicho, Guix y la clínica DEXEUS, porque Rubio,
cuenta poco, lo que ocurre es que va pegado al carro de los otros. El
Profesor Backlund, me preguntó que era lo que me habían dicho los médicos
que habían hecho aquello a mi hijo, cuando le contesté que no
solamente no quisieron saber nada sino que contestaron que, “si les queríamos denunciar que les denunciáramos porque a ellos les
daba igual”, me dijo que era lo que solían hacer el tipo de gente
que hacía aquellas cosas. Naturalmente, la fama que tienen Guix y
Rubio es nefasta, pero la fama no les condena judicialmente que sería
lo justo y se les ha permitido, y aún se les sigue permitiendo,
ocasionar más daños y más muertes impunemente. Y, aunque es cierto
que el doctor Guix ha sido condenado por, “Someter
a una anciana enferme de cáncer a un tratamiento de quimioterapia,
rutinario, innecesario y doloroso”, según dice la sentencia,
pienso que se le ha condenado porque después de la cantidad de
denuncias que los jueces tienen que haber recibido de él, de ellos
(unas yo ya las conozco, otras no), los jueces le han condenado, aunque
sea mínimamente, para hacer ver que imparten justicia. Es lo mismo que
el chiste de los políticos y la democracia cuando uno le dice al otro:
“Hagamos un poco de democracia para que el pueblo crea que vive en
democracia”. Cuando
se supo públicamente lo que había pasado con mi hijo, me llegaron
informes médicos y revistas Médico-científicas de todas partes, de
gente, médicos honestos que no sabían como ayudarme y la forma que tenían
en las manos era la de hacerme llegar todo tipo de información sobre
las radiaciones ionizantes y sus peligros para que la pudiera utilizar
en los juicios, lo que agradezco profundamente. Pues
bien, cuando la gente que padecía cáncer se sometía a la
radioterapia y moría, como que no se practicaban autopsias, se creía que
la muerte era producida por el propio cáncer, pero cuando se empezaron
a practicar autopsias, descubrieron que muchas muertes eran producidas
por causa de un exceso de radiación, otras por la combinación de
ambos: del cáncer y la radiación. Muchas muertes producidas por la
radiación no han podido ser contabilizadas y muchas siguen sin
contabilizar, pues la gente de buena fe, en muchos casos cree que la
muerte ha sido por causa del cáncer o también por aneurisma, cuando
puede ser producida por la radiación mal aplicada y en muchos casos
innecesaria. Como es en el caso de José Antonio, ya explicado
anteriormente. Por
ejemplo, si yo no me hubiera topado con médicos honestos que
diagnosticaron la “lesión por
radionecrosis profunda e inoperable” y me contaron la realidad de
los hechos, hubieran podido insistir, como creían en un principio, que
mi hijo moría resultado de un cáncer irreversible, yo me lo hubiera
creído y nunca le hubiera hecho practicar la autopsia, hecho que
resulta muy doloroso. Una muerte
brutal por el exceso de radiación y a través de uno de los engaños más
brutales que se puedan imaginar, hubiera quedado oculta, como han
quedado otras muchas muertes en manos de carniceros como Guix y Rubio. En
las revistas Médico-científicas que obran en mi poder, se exponen
varios casos. Yo, expondré, de forma reducida debido al espacio que
ocupan, tres casos más que significativos. No obstante, quien esté
interesado en saber sobre todo el proceso de cada caso, puede solicitármelo
y con mucho gusto le enviaré fotocopias de estas revistas Médico-científicas. Mujer
blanca 32 años.
Se le descubre un tumor hipotalámico que ocupaba el tercer ventrículo
anterior. La paciente fue derivada para irradiación. Mujer
blanca, 10 años (una niña):
Presenta neurofibromatosis reconocida y retardo psicomotor con agudeza
visual decreciente y debilidad en el lado izquierdo. Tenía un enorme
astrocitoma cístico en el lóbulo frontal derecho. Fue derivada
a radiación después de craneotomía, descompresión y extirpación
parcial. Hombre
blanco, 59 años: Presenta
dolores de cabeza, cambios visuales y confusión. Se le descubre un
tumor calcificado en el splenium del cuerpo calloso. Neurocirugía
diagnostica que una craniotomía
para una biopsia y extracción parcial es demasiado riesgo por lo
central y profunda ubicación del tumor. El paciente fue transferido a
terapia por radiación por
un presunto glioma sin biopsia. Bien,
así podría seguir y seguir en casos donde interviene la terapia o
mejor dicho la “desaterapia” por radiación. Y, aunque actualmente
ya van apareciendo noticias sobre muertes provocadas por exceso de
radiación así cómo cánceres diferidos, reconociendo también que
otras muertes no se pueden contabilizar porque son enfermos que mueren
en sus casas y no les practican la autopsia,
en este sentido terminaré recordando a los 7 muertos por radiación
en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza cuando se estaban tratando de cáncer.
Hecho que se sacó a relucir en el juicio contra los médicos Guix y
Rubio. Cuando el doctor Burzaco comparó las radiaciones aplicadas en el
cerebro de Arturo con las radiaciones que mataron a miles de personas en
Chernóbyl, el doctor Valverde dijo que, “no hacia falta irnos tan
lejos, que aquí en Zaragoza habían muerto siete personas por exceso de
radiación”. El doctor
Valverde, quién estudió minuciosamente el cerebro de mi hijo, en este juicio oral, dijo textualmente: “Las radiaciones ionizantes
mal aplicadas matan y esto es lo que ha sucedido con este muchacho”. Y,
lo que es muy significativo del contenido de estas revistas Médico-científicas
en cuanto a la radiación, es lo que dicen los expertos: “A nuestro juicio es que la radiación debería ser menos agresiva en
los jóvenes, en los cuales el riesgo de daños cerebrales es mayor que
en los adultos, y en aquellos con una prognosis mejorada quienes están
más preparados para vivir bastante sin
alcanzar el periodo de riesgo por radionecrosis cerebral”. Lo que
significa que por su naturaleza las radiaciones siempre son peligrosas y
que únicamente deben ser aplicadas en aquellos casos en que los
pacientes corren un riesgo de muerte
inmediato por padecer males con este
riesgo y resulta imposible tratarlas
con cirugía convencional. Como
es obvio, para aplicar la radioterapia se requiere un gran estudio,
mucha lucidez y una gran moralidad por parte de los médicos que la
aplican, condiciones de las
que están faltados los criminales que mataron a mi hijo y
a todos los que les protegen. Una
aclaración sobre la técnica de los “Gamma Kife”: Ahora sé, que ésta
técnica se considera la menos agresiva por
la forma en que llegan al tumor los haces de luz: a través de
entradas muy finas lo que hace que se dañe lo menos posible las células
colindantes al tumor. También la dirección de los rayos es más
perfecta. Pero como ven, siempre hay riesgo de dañar las células sanas
y esto naturalmente, nunca te lo dicen. Quizás ahora lo digan
por los casos que se denuncian. Mi
hijo era una persona, sana, fuerte con una salud de hierro que nunca había
estado enferma. Cuando se diagnosticó la neurosis obsesiva, acudió al
médico para solucionar su problema simplemente, algo del todo natural
en una persona equilibrada y con un gran sentido de la lógica. Como él
solía decir:
“Es absurdo tener un problema, una solución a mano y no
aprovecharla”. Y, esto fue lo que él creyó que hacía:
aprovechar los adelantos que nos ofrece
la Ciencia. Aunque para su desgracia, en su caso además de que
la Ciencia no era un adelanto, cayó en manos de desalmados que le
segaron la vida en plena juventud provocándole los más terribles de
los dolores y sufrimientos. A los jueces no les ha interesado saber que,
cuando a mi hijo le hizo la aparición la radionecrosis mortal, él ya
estaba bien de la neurosis, que ésta había desparecido, ya no tenía
necesidad de visitar al psiquiatra. Que trabajaba en su negocio
ininterrumpidamente, que había reemprendido la carrera de piano, aunque
él ya tocaba muy bien y componía su propia música, que todo nos iba
tan bien que incluso estábamos buscando nuevos locales para ampliar el
negocio, y que un día antes de que la bomba mortal de relojería que le
habían colocado en su cerebro los malditos Guix y Rubio diera
señales de muerte, estábamos preparando las vacaciones del mes
de agosto de 1989. Un viaje importante por Méjico, Estados Unidos y
Canadá. Viaje que, tristemente
nunca pudimos llegar a realizar. Ni siquiera hacen alusión a la operación
tan terrible por la que tuvo que pasar mi hijo para descomprimir al gran
edema producto de la radiación aplicada en la Dexeus, como he contado
repetidamente. Nada de nada les ha importado a esta gente con tal de
proteger los sucios intereses de los médicos y de la clínica y, últimamente
también sus propios intereses, ya que como me vaticinaron, una vez
denunciado al juez José Mª Assalit Vives, lo iba a tener todo perdido.
Quienes así me hablaron tenían toda la razón aunque yo no me lo
pudiera creer. Yo creía en la justicia, y quizás aún siga creyendo de
lo contrario no llevaría adelante los recursos que me quedan ni estaríamos
preparando las querellas contra los cuatro jueces que han intervenido en
la causa civil. Yo creo en
la justicia aunque parezca absurdo, lo único que hay que hacer es sacar
de la función de juzgadores a los que violan las leyes que ellos
mismos están obligados a hacer cumplir, al igual que deben ser
condenados y expulsados para siempre de la profesión los médicos que
causan daños y siegan vidas.
¿Es quizás pedir un milagro? Mucho
me queda por decir después de toda la desgracia vivida gratuitamente
por mi hijo, sus atroces sufrimientos, su lucha desesperada y
sobrehumana para intentar salvar una vida que se le escapaba y
sin siquiera saber por qué.
Las burlas e injusticias judiciales recibidas durante, ahora ya
15 años partiendo desde el punto que empecé la lucha judicial, las
burlas recibidas por parte
de lo salvajes que le mataron… ¡Tanto! ¡Tanto!... Pero tendré que
ir terminando sino esta página se convertiría en un libro con más páginas
del ya escrito. Pero como que van sucediendo hechos sin parar, pues esto
es lo que pasa… Voy
a ir terminando: sí. Pero haciendo referencia a uno de los últimos
panfletos que he repartido motivo de alguna crítica por parte de gente
de buena fe que les parece que me pueden perjudicar. Pero yo pregunto:
¿Qué es lo que me puede perjudicar a mí? Cuando ya se tiene todo
perdido, ya nada te puede perjudicar. Y si estos panfletos, como dicen,
me pueden hacer perder la última oportunidad que me queda de recibir un
poco, una ínfima justicia, pues…”ellos”, los
omnipotentes jueces, decidirán. ¡Una injusticia más
después de tantas! … El
panfleto en cuestión, dice,
refiriéndose a los jueces que han intervenido en el caso de mi hijo,
que son unos cínicos,
embusteros, chulos, sinvergüenzas, prevaricadores y provocadores. Y,
termina preguntando: “¿Cómo acabará todo esto?”. He
elegido algunos párrafos de la sentencia dictada por el juez José Mª
Assalit Vives, porque es la más representativa y de donde parten todas
las demás sentencias. Sentencia que, incluso gente del mismo entorno de
Assalit Vives, han calificado
de demencial y peligrosa:
Embustero, cínico,
provocador, violador del derecho a la salud y a la vida e incluso
violador del derecho a la protección de la propia imagen, cuando dice: “Cabe llegar a una primera conclusión fáctica, el paciente sufría
una enfermedad que debía ser tratada de forma agresiva. Es decir,
mediante métodos que pudieran incluso comportar riesgos para su vida o
su integridad física”.
Ningún juez, legalmente,
puede aceptar que para tratar problemas psicológicos, se apliquen
tratamientos tan agresivos que puedan terminar con la vida del paciente,
ni está descrito en ninguna literatura médicas,
a no ser claro está y como todos sabemos,
la literatura NAZI.
Viola el derecho a la
protección de la propia imagen contemplada en el Código Penal: Mi
hijo era una persona equilibrada, inteligente y bondadosa que únicamente
pretendía solucionar su problema psicológico, pero
sin riesgo de ninguna clase, para poder vivir una vida sin
preocupación en cuanto a su salud. Como él decía con su sentido práctico,
recuerden: “Es absurdo tener un problema y
una solución a mano y no aprovecharla”. Y esto es lo que creía
mi hijo que hacía: aprovechar una solución cuando le vendieron
INSISTENTEMENTE, el llamado “tratamiento del futuro” en la clínica
DEXEUS.
Embustero, cínico,
provocador y contradictorio, cuando dice que mi hijo: “pudo dejar el centro médico pudiendo hacer una vida prácticamente
normal”.
Partiendo del punto en el que
a mi hijo le hicieron su aparición los efectos devastadores de los
rayos aplicados en la DEXEUS, después de quince meses de ser aplicados,
cuando ya nadie se acordaba de este maldito tratamiento, la neurosis
estaba solucionada y estábamos preparando las vacaciones del 89,
Arturo ingresó de urgencia en el Hospital del Mar totalmente
desorientado y sin saber nadie lo que le estaba pasando (ver
testimonio). Después de algunas pruebas, me notificaron que mi hijo se
moría y aunque de momento no se sabía exactamente que era lo que había
producido el daño que descubrieron en su cerebro, sí me confirmaron
que era mortal de necesidad. Causándole automáticamente demencia senil
y una diabetes insípida. Desgraciadamente
para mi hijo, no murió
cuando todos esperaban, la salud y fortaleza que siempre había tenido,
hicieron que resistiera lo que era imposible resistir con lo que tenía
en el cerebro, como me dijeron los médicos que le atendieron en el
Hospital del Mar. Quiero
decir que, no es que me dieran un plazo de tiempo, o de vida de Arturo,
Arturo ya no tenía vida. Vivía el día a día, mientras la familia
destrozada y desesperada se preguntaba: ¿Vivirá mañana? Y, así,
durante cuatro años y seis meses en los que Arturo resistió sin que
nadie pudiera entender cómo. Soportando aquellos terribles
padecimientos y luchando con esfuerzos sobrehumanos para salir de
aquello que, él pobre hijo mío, cuando preguntaba el por qué, nadie
le pudo contestar con la verdad Arturo, vivía episodios tan dramáticos
cuando la demencia senil alcanzaba cotas máximas, como eran quedarse
sentado en la silla de ruedas sin poderse mover, con la cabeza caída yéndole
de un lado para otro, enrollándose la camiseta con la vista perdida,
mientras le caía la baba. ¡Rompía el alma verlo en aquellas
condiciones! Pero, esto, entre otros, para el juez, señores, era poder
hacer una vida prácticamente normal y,
haber actuado, los médicos, dentro de la “Lex artis”, al
convertir a un muchacho sano, fuerte e inteligente, en una pobre
piltrafa humana. Los
jueces, ni siquiera quisieron saber que mi hijo salió del centro médico
(Hospital del Mar), porque los médicos
ya no podían hacer nada más por él, ni de que a partir del
momento en que salió del hospital, nuestra casa se convirtió en un
anexo del Hospital del Mar. Los médicos, aunque nada podían hacer por
él, no nos abandonaron y cuando se encontraba en casa, venían a verle,
lo que les agradeceré toda la vida. Como
es fácil entender, aunque ya nada se podía hacer por mi hijo, yo, aún
incrédula ante aquella espantosa realidad, cuando me parecía que había
llegado su hora final, lo ingresaba de nuevo esperando, esperando, no
sabía el qué, pero esperaba… Le subían la dosis de Dexametasona por
hacer algo, y volvía a casa de nuevo, como siempre, sin esperanza
ninguna. Cuando digo que el juez es contradictorio,
lo es en todo y así lo verán si leen la sentencia, pero es que en este
apartado, lo es descaradamente y burlonamente: Dice que: “podía hacer
una vida prácticamente normal” y,
seguidamente, enumera las “florituras” que provoca la gran
cantidad de Dexametasona que se veía obligado a tomar
ininterrumpidamente para, digamos mantenerlo inútilmente con vida. Como
son las infecciones, entre ellas las de orina las que le provocaban
terribles sufrimientos, pasando por la
osteoporosis, hasta el síndrome de Cushing yatrogénico que, según
el juez fue la causa de la muerte por infección. Aunque también se
dice que la causa de la muerte fue una bronconeumonía lo que produce al
final un paro cardiaco. Causa efecto: si no hubiera habido exceso de
radiación, no hubiera habido necesidad de tomar Dexametasona y sin
Demxametasona no hubiera habido síndrome de Cushing, aunque en el caso
de Arturo, hubiera muerto de todas formas debido al
gran edema cerebral producto de la radiación: en el caso de
Arturo, daba igual una cosa que la otra: estaba
muerto de todas formas. Y,
pensando en un muchacho fuerte, vital que nunca había estado físicamente
enfermo, inteligente e independiente, que tenía terror a las
enfermedades a la vejez y a la muerte, y verlo convertido en lo que le
convirtieron y sin haberle
dejado ni una mínima posibilidad
de esperanza de vida, ni una mínima posibilidad,
y tener que soportar las atrocidades que dicen los jueces,
pues…, como he dicho antes: ¡¡ES
PARA MATARLOS A TODOS: A MËDICOS Y A JUECES!! Si
bien con lo expuesto queda sobradamente visible el cinismo, la
desfachatez y la poca vergüenza de algunos jueces (de éste y de los
que le han seguido), terminaré con unos aspectos más de esta
escandalosa sentencia: En un párrafo de la querella, se dice que:
“Arturo era tan responsable de sus actos, que no utilizaba ningún
malestar que pudiera sentir para evadirse de su responsabilidad “.
El juez borra de un plumazo, “responsabilidad”,
y en su lugar pone: “No
controlando la mente”, para,
en otro párrafo decir: “ No
cabe duda que el paciente recibió información sobre la intervención
y sobre los riesgos que comportaba, y ello no solamente por lo declarado
por los acusados, sino que se deduce que el paciente, por su forma de
ser, debió requerir y exigir todo
tipo de explicaciones….” Según
este juez: “No debe angustiarse
al enfermo innecesariamente”, puesto que según él, inventa que
mi hijo tenía una enfermedad que debía de asumir riesgos para sanar su
dolencia. ¿Debía de asumir riesgos de muerte para solucionar su
problema psicológico? ¿Debía de asumir riesgo de muerte y ni siquiera
tenía el derecho a ser informado? ¿De donde saca él nuevamente que mi
hijo tenía una enfermedad que para sanarla tenía que asumir riesgos de
muerte? Y, ¿qué clase de
tratamiento se puede aceptar que lleve a la muerte a una persona con un
cuerpo y un cerebro físicamente sanos? Burla sobre burla, crueldad
sobre crueldad, violación
al derecho a la vida sobre violación y, ¡¡todo Dios, callado!! Dos
párrafos más sin comentario, porque como puede entenderse, hablan por
sí solos: Segundo:
“Es cierto, que en el caso enjuiciado podría haber ocurrido
que se hubiera suministrado una dosis mayor que la facilitada por los
acusados en sus informes – ya sea por error o negligencia, o por
entender erróneamente que era la conveniente -, que el colimador
empleado no fuera el adecuado para este tipo de intervención, que
hubiera habido algún fallo en el
direccionamiento de alguno o de varios de los haces de forma que no
hubiera incidido de forma precisa en los puntos deseados.
Pero ello, no solamente no se encuentra probado en la forma que exige en
un proceso penal, sino que incluso en el supuesto de que sí lo
estuviera sería necesario valorar, en primer lugar, si la concreta
vulneración de la norma de cuidado es de la entidad suficiente para
merecer el reproche penal y además si es la causa del resultado dañoso producido, y en segundo lugar a cual de
los dos acusados sería imputable. Pues cada uno tenía una función
distinta en la intervención, ya que existía una distribución
del trabajo entre ello de acuerdo con sus respectivas especialidades”. Para
poder condenar sin paliativos, solo se necesitaban probar dos
cuestiones: Si Arturo había muerto por un exceso de radiación
y quien o quienes la aplicaron. Y, esto, quedó suficientemente
probado, sobretodo a través de los
TACS de antes y después del tratamiento de la DEXEUS, de las
pruebas realizadas en el Hospital del Mar y de las pruebas realizada en
el Centro de Resonancia Magnética de la calle Monastir y de la Clínica
Quirón. Cuando la Fiscal le preguntó a la doctora representante de la
Clínica Quirón, cómo estaban tan seguros de que era una radiación y
no otra cosa, un tumor, por ejemplo, la doctora dijo que había
suficientes medios para asegurar que lo de Arturo era efecto de una
radiación y no de otra cosa. La
muerte no es ninguna broma, y aunque lo muertos no pueden reclamar
justicia, los vivos sí. Y por más que se esfuercen los jueces en
querer justificar este crimen execrable, esta canallada, protegiendo
descaradamente a los que tan salvajemente mataron a mi hijo, negándole
incluso la más mínima posibilidad de esperanza de vida,
(sólo cabe imaginarlo sujeto en una camilla sin derecho a nada y
los dos salvajes aplicándole las radiaciones sin orden ni concierto,
“por el ojo clínico”, como confeso el propio doctor Guix en una de
las vistas orales del juicio), creo que, al
final tiene que explotar. No
ignoro que alguien y con razón, puede pensar
que yo minimizo mucho la enfermedad de mi hijo. Aunque nada tenga
que ver la neurosis con su asesinato, quiero decir que no la minimizo,
pero piensen que en los problemas mentales, principalmente en las
neurosis obsesivas, no hablamos de esquizofrenia u otras enfermedades
consideradas graves, que de forma alguna
pueden tratarse exponiendo la vida del enfermo, influye mucho el
carácter de las personas, y mi hijo tenía un excelente carácter lo
mismo que su padre. Si
bien ya he explicado repetidamente como era mi hijo y su problema,
quisiera contarlo una vez más de la siguiente manera: Imaginemos
a un joven con un problema psicológico: una neurosis obsesiva, que como
dice el informe psiquiátrico: “El
paciente sufría una enfermedad obsesiva que se inicia a los 19 años y
que cursa con sintomatología predominante de duda, comprobación orden
y limpieza; depresión secundaria con dos tentativas autolesivas de bajo
riesgo. No se detectaron antecedentes médicos ni psiquiátricos de
interés. Tampoco existieron antecedentes de abusos o dependencia al
alcohol o a otras sustancias. Coeficiente de inteligencia normal-alto
en la escala de inteligencia de Wechsler. Imaginemos
también a un joven, por ejemplo y en cuanto a su comercio, con su coche
a buscar piezas de género a las fábricas cuando tenía algún pedido
urgente que servir y faltaba algún genero que todavía los fabricantes
no habían servido, o sentado al piano tocando maravillosamente
cualquier pieza que le pidieras, ya fuera clásica o moderna, o
esquiando con los amigos o familiares haciendo su compañía tan
agradable que muchos a pesar de los años lo recuerdan con nostalgia, o
comprando en el mercado de San Antonio los domingos por la mañana donde
encuentras libros, partituras de música o cualquier cosa que no
encuentras habitualmente en otros lugares, o delante de la cartelera del
teatro del Liceo viendo las óperas anunciadas para la temporada para
sacar entradas, o con la familia o amigos comiendo o cenando en algún
restaurante típico que él mismo había descubierto… Amante de la
Naturaleza, de las Bellas Artes en todas sus manifestaciones, alegre,
vital… Pues éste muchacho, digamos que es el que tiene el problema
del que nos hemos imaginado primero, y lo único que pretende es algo
tan normal, como intentar solucionarlo. Mi
hijo, a pesar de sus neurosis y de sus tratamientos, tenía una vida
llena y si quería solucionar su problema era para vivirla y disfrutarla
con toda la intensidad y sin peligro alguno en cuanto a su salud. Como
él decía: “Las pastillas para
tratar los problemas psicológicos, con el tiempo causan problemas que
uno no tiene cuando empieza a tomarlas. Vale la pena probar con otros
adelantos que nos pueda ofrecer la Ciencia”. ¡La Ciencia!... Fue
tan luchador y esperanzado
que le recuerdo ya al final de su vida, cuando ya apenas se tenía en
pie por mas que se esforzara, cuando venían a verle los médicos o algún
amigo o familiar, con aquella sonda terrible que tuvo que soportar después
de que le vaciaran el edema producto de la maldita radiación,
como con esfuerzos inimaginables se levantaba de la cama y apoyándose
como podía, sin apenas voz, les decía:
“Veis, esto va bien. Pronto estaré bien del todo”. Y, pobre
hijo mío, no sabía que se estaba muriendo. Al menos esto es lo que creíamos
nosotros, porque a veces recuerdo su mirada profunda y, no sé… Ver
en lo que habían convertido a mi hijo, en los padecimientos atroces que
le provocaron y ver como moría sin poder hacer nada para ayudarle
porque el exceso de radiación es irreversible, y encima tener que
soportar las atrocidades que dicen los jueces en sus sentencias,
sinceramente, es muy difícil
de soportar. Mientras
estoy terminando este bloque de mi página Web, se ha estrenado la película,
“Mar adentro”, basada en el drama de Ramón Sanpedro. Tetraplégico
que reclamó durante años y ante todos los Tribunales de Justicia su
“derecho a morir dignamente”, es decir: su derecho a la eutanasia.
Le fue negado y en un acto que impactó a millones de personas, se
suicidó: hecho que fue gravado y pasado por Televisión. Para
los jueces, Ramón Sanpedro que quería morir porque no quería vivir en
unas condiciones que para él no eran vida (paralizado de cuello para
abajo durante 30 años), tenía que vivir a toda costa, por narices,
porque a ellos, a los jueces, les daba la gana. Llevo,
como he dicho, quince años luchando para conseguir justicia por la
muerte de mi hijo. Ahora, para saber el resultado del último Recurso
presentado, tendré que esperar cuatro o cinco años más… Y, después…no
sé. Lo
de la querella contra los jueces, ¿cómo se resolverá?, pues,
sinceramente, creo que más
mal que bien, pero, como he dicho en tantas ocasiones, me niego a creer
que en algún lugar de nuestro país no exista un juez, un hombre o unos
hombres o unas mujeres buenos y justos de verdad, o un cambio en el
Sistema Político y Judicial que haga posible que las injusticias sean
condenadas. Y, con esta esperanza, sigo. No
cabe duda que, con los años se provoca el desgaste: el desgaste físico,
moral, e incluso el desgaste del mismo hecho criminal. Y, como no, el
desgaste mediático. Después de tantos años, ¿a quién le puede
interesar el caso de aquel pobre muchacho que unos médicos salvajes le
quemaron el cerebro…Si además la justicia no les condenó?… Y
aunque en su momento tuvo una gran repercusión, ahora ya ha pasado a la historia. Pero,
fíjense que no es así del todo, y siempre, a pesar de los años que
empezó todo y a pesar de que los jueces no han condenado a los
culpables, siempre, siempre hay algún medio dispuesto a que no se
olvide la muerte de mi hijo, el horror que se cometió con él y la
injusticia judicial cometida. Medios que me ofrecen su total apoyo, algo
que no es pagado con dinero. El reconocimiento y el apoyo es lo que
permite que la gente que padecemos este tipo de ignominia,
que hemos perdido a nuestros hijos de una forma tan brutal por
culpa de auténticos peligrosos sociales, nos podamos mantener en pie. Por
lo tanto quiero expresar mi máximo agradecimiento desde aquí: A
“Telemadrid”, a la dirección del programa, “Abierto por la mañana”,
presentado por Belinda Washington. Por invitarme y haberme dedicado el
programa para mi sola permitiéndome expresarme libremente. Gracias a
todos los componentes del programa por su simpatía, sus atenciones y su
apoyo moral. El programa se
emitió el día 6 de agosto del año en curso. Y,
muy especialmente, las gracias al semanario catalán, “el Triangle”,
que durante más de nueve semanas, hasta este momento, está anunciando
solidariamente mi página Web, y quien ha estado siempre a mi lado,
tanto moralmente como presente en los juicios a los que he tenido que
asistir. Y,
ya va terminando mi alegato. Y aunque mucho podría decir sobre la
sentencia dictada por estas tres Magistradas, creo que está todo
suficientemente claro, y solo me
queda desearles a estas tres mujeres,
principalmente a la ponente, Mª Eugenia Alegret Burgues,
actualmente Presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña,
que después de esta sentencia, duerman en paz, si es que pueden. Yo,
por mi parte, seguiré con mis campañas de información y denuncia y
haciendo todo aquello que haga falta para conseguir que se reabra el
juicio por la vía penal, ya que nunca, nunca, suponiendo, que es mucho
suponer tal y como se han ido desarrollando las cosas, que ganara la vía
civil, nunca una demanda civil puede saldar una deuda criminal. A
mi hijo le condenaron a una muerte espantosa y cruel. Durante los cuatro
años y seis meses que duró su agonía, no pudo descansar ni unas pocas
horas en paz. Todo su
cuerpo se convirtió en un bloque de dolor y sufrimiento, todo. Mi hijo
sufrió una tortura que sólo terminó con su muerte. Y, esto, como
puede comprenderse, de una u otra forma sus asesinos y torturadores, lo
tendrán que pagar. No
importa los años que tengan que pasar, pero lo tendrán que pagar, y
los Políticos tendrán que sacar su cabeza de debajo el ala, que es
donde la meten cuando les conviene, y tendrán que responder. Y,
después, yo seguramente moriré golpeándome la cabeza, y preguntándome
una vez más, como un muchacho que sus amigos y amigas todavía
le recuerdan tan genial, generoso, vital, sensible al arte, a la vida
y a la belleza, pudo, pudimos
caer en manos
de unos asesinos salvajes de
la peor ralea que nos destrozaron la vida para siempre. 15 años
que llevo en la lucha, más 4
o 5 años que tengo que
esperar para saber el resultado del nuevo recurso presentado, un total
de 19 o 20 años, más los que tengan que seguir... ¿…? Recuerden,
si han leído el recorrido judicial, que la primera injusticia que sufrí,
fue la de que tuvieron que pasar siete años, a partir de presentada la
querella criminal, para poder hacer sentar en el banquillo de los
acusados a los malditos médicos Benjamín Guix Melchor y Enrique Rubio
García. He
finalizado este bloque referente a la última sentencia de la Audiencia
Provincial, el día 7 de septiembre de 2004. Aunque quiero terminar con
un recuerdo: Con
el recuerdo del niño Jordi Tomás, quién con 4 años ingresó en el
Hospital Verge de la Cintas de Tortosa para ser operado de fimosis y
salio del hospital, ciego y tetrapléjico. Y…,
nadie se pregunta como viven Jordi Tomás y sus padres, si está vivo o
no el pobre hombre que quedó en
estado de coma y que fue lo que pasó con su familia, o cómo vive el
hijo de Carmen Flores, tetrapléjico por culpa de un médico indeseable,
un auténtico peligroso social, o José Antonio con la radionecrosis en
su cerebro sin saber si la bomba que le colocaron gratuitamente también
los malditos médicos Benjamín Guix y Enrique Rubio García,
explotará o no, y…, tantos y tantos otros casos dramáticos que caen en el
olvido o son ignorados. Y,
entretanto, se producen “Los encuentros”: “Los Encuentros” entre
Altos Magistrados, Colegios de Médicos y Compañías Aseguradoras.
Todos bien juntos y bien unidos para guisárselo y comérselo
ellos solos (las víctimas no cuentan) y ver, entre todos, como
dice uno de sus enunciados en su programa:
“Cómo se puede diseñar
adecuadamente el contenido de la historia clínica y el consentimiento
informado para evitar el 50% de las demandas judiciales”. La
nueva Ley condena con penas de cárcel al conductor que se exceda en la
velocidad aunque no cause daño alguno. Incluso el Fiscal Jefe de Cataluña
José Mª Mena, insta a sus subalternos a que impongan penas duras. Y se
condena con tres meses de cárcel las injurias y calumnias. Pero el
Fiscal Jefe José Mª Mena, aprueba la sentencia dictada por el juez José
Mª Assalit Vives quien a su vez aprueba que se queme el cerebro físicamente
sano de las personas. Hecho muy corriente entre los médicos nazis con
sus experimentos como ya he explicado. En
mi largo caminar por los derroteros judiciales, ahora me encuentro en un
punto que no deja de ser de lo más llamativo y extraño. Un punto más
donde la indefensión alcaza una cota de estrafalariedad impensable. Yo,
como ya he contado, estoy preparando, entre otras, la querella criminal
contra la ahora, Presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña,
María Eugenia Alegret Burguer, por su sentencia llena de errores
judiciales, por mentir y por violación de las leyes que protegen
nuestra salud y nuestra vida, como ya habrán podido observar en su
sentencia y en el recurso presentado por mi abogado. La querella contra
esta Magistrada, al ser ahora Presidenta del Tribunal, tiene que
presentarse ante un Tribunal Superior en Madrid. Pero la querella contra
el Juez José Manuel Martínez Borrego, motivo del recurso ante la
Audencia, tiene
que ser presentada ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña,
con lo cual irá a parar a manos de la Presidenta, que a su vez estará
querellada por la misma causa que el juez Martínez Borrego. Ante esta
situación: ¿Qué puedo esperar? No tengo grandes esperanzas en ninguno
de los casos, pero en éste especialmente la suerte está echada de
antemano. Entonces: ¿Por qué juegas si ya sabes que vas a perder?, me
preguntan algunos. Hay algo sobre lo que no debemos permitir nunca: que
se nos escupa, se nos pisotee, se nos machaque y se nos humille. Y este
algo, es la dignidad de las personas. Y, de una u otra forma, es lo que
estoy defendiendo: mi dignidad y, por encima de todas las cosas, la
dignidad de mi hijo muerto, ya que la vida que le segaron gratuitamente
y brutalmente unos canallas mal nacidos, no se la puedo devolver. A parte de las cuatro querellas criminales contra los cuatro jueces ya nombrados, estoy terminando un escrito dirigido al Fiscal General del Estado, pidiéndole una solución judicial ante un proceso que, de no resolverse con equidad, rigor y justicia, quedará en los anales de la historia judicial como uno de los más escandalosos e inmorales de toda la historia en temas médicos. Quedará patente la sumisión que profesan los jueces ante la clase médica y los intereses de clase que, de forma delictiva, anteponen a la protección del derecho más sagrado que tenemos los seres humanos, como es su derecho a la vida. Y, uno, ante esta conducta siempre se repite la misma pregunta: ¿Qué clase de justicia es ésta en la que se permite a los jueces que cobran sueldos millonarios de las arcas del Tesoro Público dictar sentencias que violan las leyes que ellos mismos están obligados a hacer cumplir y para denunciarlos tienes que pagar de tu propio bolsillo, porque de lo contrario, la violación de las leyes y, por consiguiente, la injusticia quedará en el anonimato más profundo? |