Desde
aquí, quiero expresar públicamente mi más profundo
agradecimiento a todas aquellas personas que, a través de
colectivos o a nivel personal, no han dudado en apoyarme tanto física
como moralmente en todas mis campañas, y esto a través de los
años transcurridos: abogados, médicos, políticos; personas
pertenecientes al mundo de la Judicatura, todas ellas a riesgo
de entrar en conflicto con su propio entorno social y
profesional; Sindicatos –CGT y Autónomo Obrero de Cádiz -;
medios de comunicación, entre otros, y muy especialmente,
"El Triangle"; amigos, que a pesar de haber sido
amenazados por amigos o familiares de los médicos Guix y Rubio
o, incluso, por ellos mismos, puesto que no se han dado a
conocer, no han dudado un solo instante en apoyarme en todas mis
decisiones; a colectivos de movimientos que se revelan y luchan
contra las injusticias sociales y judiciales, jugándose el físico
muchas veces, y que desde el principio de mis campañas públicas,
que inicié una vez fallecido mi querido hijo, de una u otra
forma, han estado ahí siempre que los he necesitado.
Y,
también, y muy especialmente, a mi querida compañera Carmen
Flores, Presidenta de la Asociación "El Defensor del
Paciente", que, desde que inicié mi campaña de denuncia
hasta el día de hoy, no ha dudado en demostrarme todo su cariño
y apoyo. Carmen inició su andadura y fundó la Asociación que
preside a raíz de la gravísima negligencia que padeció su
hijo Miguel. Un chapucero y desalmado médico le dejó en estado
tetrapléjico cuando debía evitar que esto pudiera suceder en
un fututo improbable.
Doblemente
agradecida, porque muchas de estas personas se expusieron a ser
condenadas, ya que la prepotencia y la chulería de los médicos
Guix y Rubio, y de sus letrados, cuando presentaron la querella
contra mí por injurias y calumnias, dijeron, también incluían
a todas aquellas personas que se pudiera demostrar que me habían
ayudado en mis campañas. Esto no prosperó, a pesar de que
disponían de fotografías de algunas de las personas que se
encontraban conmigo ayudándome a repartir folletos y a pegar
carteles. ¡Siempre intentando asustar y amenazar!. No se han
dado cuenta esta gente todavía que sus bravatas ya no nos
intimidan.
Y
mi más profundo agradecimiento, ¡como no!, a los médicos del
Hospital del Mar de Barcelona quienes, entre otros,
diagnosticaron la "lesión
cerebral por radionecrosis diferida profunda e inoperable" que llevó a mi hijo a la muerte, y que desde el trágico
momento en que la radiación hizo su brutal aparición hasta su
fallecimiento, estuvieron con él dedicándole cariño y
atenciones. Siempre han estado a mi lado ratificándose en su
diagnóstico ante los jueces cuantas veces ha sido necesario. A
los médicos de la Clínica Quirón de Barcelona y a los médicos
del Centro de Resonancia Magnética de la calle Monastir también
de Barcelona, quienes, unos a través de los TACS cerebrales que
se le iban realizando, y otros a través de las resonancias magnéticas
que también se le iban practicando, se mantuvieron firmes en
sus diagnósticos de "lesión
cerebral por radionecrosis diferida". Incluso cuando la
Señora Fiscal le preguntó a la doctora representante de la Clínica
Quirón del porqué estaban tan seguros de que la muerte de
Arturo se debía a un exceso de radiación y no por otra causa,
como un tumor por ejemplo – se refería a la radiación
aplicada en la Clínica DEXEUS -, la doctora respondió: "porque
existen suficientes medios técnicos para poder asegurar que se
trataba de radionecrosis y no por otra causa".
Al
doctor psiquiatra de mi hijo, buen amigo que nunca nos abandonó.
Aunque Arturo ya no le visitaba como psiquiatra porque ya no le
necesitaba, quedó una buena amistad en la familia. El doctor
apreciaba mucho a mi hijo como mi hijo a él. Quiero dejar esto
muy patente, porque en la película que se ha realizado para las
Televisiones Autonómicas sobre la negligencia que padeció mi
hijo titulada "Mi hijo Arturo", aunque no es una
biografía y el muchacho de la película dista mucho de ser cómo
era mi hijo, de todo su calvario y de su lucha para intentar
salvar su vida -que él ignoraba que la tenía perdida*, hay
algunos aspectos que pueden llevan a la confusión, evidentes
cuando se lee mi libro o cuando se lee esta página. Uno de los
puntos que se alejan totalmente de nuestra realidad, es el de
que, en la película, el psiquiatra del muchacho no ayuda a la
madre cuando ésta le pide ayuda, ni los médicos que
diagnostican la lesión cerebral. La dirección de la película,
ha querido reflejar la realidad de lo que es más frecuente: la
indefensión en la que se encuentran la mayoría de las personas que tienen la desgracia de tener que vivir la amarga e
injusta experiencia de la muerte de un hijo o familiar a través
de una negligencia médica: la peor, la más trágica y dolorosa
de todas las experiencias que pueda sufrir el ser humano, y la más
incomprendida.
En
el sentido de encontrar apoyo, o no, de los médicos cuando
diagnostican una negligencia médica causada por otros "médicos",
yo tuve la suerte de encontrar a buenos y honestos profesionales
que no dudaron en prestarme su total apoyo ante la brutalidad
que "otros" habían cometido con mi hijo.
Quiero
recordar que yo no he cobrado nada por esta película ni tengo
nada que ver con su realización, aunque agradezco a la FORTA
que haya tenido la valentía de denunciar una negligencia médica,
tema tabú todavía en nuestra sociedad. Es la primera película
que se ha realizado en España sobre un tema tan protegido,
tanto por los medios de comunicación como por parte de los
propios jueces, que pocas veces fallan a favor de la víctima,
directa o indirectamente, y cuando lo hacen es para añadir más
burla a los sufrimientos que padecen las víctimas, si quedan
vivas, y familiares, puesto que además de no querer meter en la
cárcel a los violadores de la salud y la vida, encima las
indemnizaciones son ridículas: las personas dañadas o muertas
por negligencias médicas (actuaciones criminales la mayoría de
las veces), no tienen ningún valor: ¡No valen nada!.
En
el caso de Miguel, hijo de Carmen Flores, después de 14 años
de esperar Justicia, después de que la Señora Jueza, Doña Inés
Huerta Garicano, del Tribunal Superior de Justicia de Madrid,
reconociera la multitud de negligencias que ha padecido Miguel,
reguero de negligencias que le impidieron recuperar totalmente
su salud, reconocido textualmente por la Señora Jueza, ésta considera que la vida destrozada de Miguel, todos sus
sufrimientos, todas sus necesidades y los años de lucha
judicial, valen 12.000 Euros (dos millones de las
antiguas pesetas). ¿Cabe mayor burla y provocación?. Cuantas
veces me hago la misma pregunta: ¿Qué pretenden los jueces de
nosotros?, ¿Que pongamos en práctica aquello del OJO POR OJO
DIENTE POR DIENTE? ...

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Traficantes
de salud (de Miguel Jara)
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traficantesdesalud@gmail.com
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