Arturo, mi querido hijo

¡Éramos tan felices! 
¡Quien podía imaginar
tan trágico final!


Arturo fue siempre un niño alegre, cariñoso y feliz. Cualquier regalo u
obsequio, por más insignificante que fuera, le hacía ilusión.
Era un niño muy agradecido.

Arturo de mayor no fue una persona creyente, aunque como es lógico tenía sus dudas como tenemos muchas personas. No obstante era muy respetuoso con la fe de las personas creyentes. Sus abuelas tenían mucha fe y algunas veces las había acompañado a la Iglesia. Su padre ... tenía fe a medias, y yo he sido la más reacia. Me resulta muy difícil tener fe. Lo que ignoro es que si la Primera Comunión se hiciera cuando uno es mayor en lugar de cuando se es niño, si Arturo la hubiera hecho. Así como solíamos hablar de temas varios con profundidad, éste nunca lo tratamos.


Thailandia

El Pagsanjan (Filipinas)

Su sala de música

Ganó bastantes medallas que guardo, como es natural,
con gran cariño

n las próximas fotografías que acompaño esta serie, Arturo ya se había diagnosticado la neurosis obsesiva y se trataba con su psiquiatra, el único que ha tenido.
Como puede observarse, tratamientos y pastillas aparte, Arturo disfrutaba de la compañía de sus amigos a los que conservó desde la infancia, así como de sus viajes, conciertos … Siempre encontraba lugares bonitos, restaurantes o sitios típicos tanto dentro o fuera de la ciudad a los que invitaba con ilusión a la familia y amigos. Era feliz estando con sus padres, tíos a los que tanto quería, primos … amigos …

También acompaño un par de fotografías de cuando estaba haciendo la mili en Ceuta.

Nadie puede comprender como el juez José Mª Assalit Vives tuvo la crueldad y la gran poca vergüenza de decir que Arturo padecía una enfermedad tan grave que debía ser tratada con métodos tan agresivos que incluso comportaran riesgo para su propia vida. Diciendo e inventando además, que: “no controlaba la mente”. Sólo por estas afirmaciones le tenían que haber suspendido “ipso facto” de su función de juzgador, pues frases o sentimientos más cercanos a los de los nazis, no hay otros.

Yo he sido condenada por “dañar la imagen” dicen, de los que tan salvajemente mataron a mi hijo, los médicos Benjamín Guix Melchor y Enrique Rubio García. Yo, que tengo que sufrir la muerte de mi hijo, una muerte tan atroz, y tengo que soportar que encima dañen su imagen, cuando he denunciado al juez por prevaricación y por las falsedades y mentiras demostrables contenidas en su sentencia, me ha sido desestimado. ¿Hasta cuando hemos de soportar tanta discriminación, tanta indefensión, tanta injusticia? ...

El juez se dedicó a juzgar la enfermad de Arturo, inventando barbaridades, en lugar de juzgar a los canallas que le mataron. Tengo la esperanza de que algún día este crimen horrendo no quedara impune: ¡¡No puede quedar impune!!.  

Arturo en el Servicio Militar en Ceuta

 

Estas son un par de una serie de fotografías que me entregó un amigo de Arturo de cuando estuvieron pasando unos días de vacaciones en la Isla de Mallorca. Recordaba lo agradables que habían sido, y me decía al igual que otros amigos que no podía entender lo que le pasaba a  Arturo y que si no hubiera sido porque no se olvidaba de tomas las pastillas que le recetaba su psiquiatra, nadie le hubiera notado nada.
Arturo se llevó la moto – conducía muy bien el coche y la moto - y, gracias a esto, me decía su amigo, pudieron visitar toda la isla muy bien y disfrutar de ella.
Cuando el amigo se casó, Arturo ya había fallecido.


En París

 

Arturo tan solo fue un "invalidante", un tullido y un enfermo mental, después de recibir en su cerebro las radiaciones de Rayos Gamma que, de forma indiscriminada y salvaje, le aplicaron los médicos Benjamín Guix Melcior y Enrique Rubio García.
Radiaciones que le condenaron a una muerte lenta y brutal.