El día 10 de junio de 2004, recibo escrito del Secretario del Comité de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Mr. Markus Schmidt, en relación con mi carta de protesta acompañada de libros y dossier que envío para ser entregados a los señores y señoras que forman el Comité.

 Copia del escrito recibido:

El día 11 de junio de 2004, envío escrito a Mr. Markus Schmidt, con el siguiente texto:

UNITED NATIONS
HIGH COMMISSIONER FOR 
HUMAN RIGHTS

Palais des Nations
CH-1211 GENEVE 10

REFERENCE : G/SO 229/31 SPAIN (39)
                                           
1074/2002

 

 

A la atención de Mr. Markus Schmidt
Secretario del Comité de Derechos Humanos. 

Distinguido amigo:
Sin ánimo de entrar en polémica, porque no es cuestión de que nos vayamos intercalando correspondencia que no nos va a llevar a ninguna parte, con lo cual esta vez no se moleste en contestar, ya no tendría caso,  sí que he querido contestar a su misiva, en primer lugar para darles las gracias por la atención que ha tenido en contestar a mi escrito y con la prontitud en que lo ha hecho. También para agradecerle la molestia que puede suponer la distribución  de los libros, dossier y cartas que les he enviado para los señores y señoras que forman el Comité. En cuanto a que mi carta y  así como los documentos anexos no pueden ser incorporados al Informe Anual del Comité, es comprensible. No sería esta la vía para rectificar la decisión que ha tomado el Comité.

Una vez dicho esto, sólo hacer dos puntualizaciones porque me parece que no se llega a entrar en el tema con profundidad, es decir: no se entra ni en las leyes que deben ser aplicadas con el rigor que se merecen y en el tema intrínsico de la propia justicia.
Ustedes me hablan y me dicen que, “simpatizan con mi sentimiento de descontento”.
Sabe, Mr. Schmidt, ustedes me han recordado, es decir, me han hecho retroceder 14 años cuando, por fin, conseguí que la querella criminal contra los médicos que mataron a mi hijo fuera admitida a trámite. En aquel entonces, el doctor Jordi Jornet Lozano, médico forense del Juzgado de Instrucción número 8 de Barcelona, una vez aceptada la atrocidad que le habían hecho a mi hijo y aceptando que nunca nos tenían que haber engañado, me dijo que entendía que yo estuviera “enfadada”.
Mi hijo en aquellos momentos estaba ingresado en el Hospital del Mar sin saber si en aquella ocasión saldría con vida, padeciendo terribles sufrimientos impuestos salvajemente por los médicos Benjamín Guix Melchor y Enrique Rubio García, y yo ¿solo tenía que estar enfadada?. Eso, sí: el doctor Jornet, se ofreció a ayudarnos a ganar el juicio si retiraba la querella criminal e iniciaba la demanda civil. Incluso animó a mi abogado, en aquel entonces Javier Selva, a que pidiera muchos millones, cuantos más mejor que “para eso “ellos” (los médicos) pagaban tanto dinero a las compañías aseguradoras”. Como que no accedí a sus pretensiones, en el juicio actuó como perito de parte (de parte de ellos claro esta) y no como funcionario de justicia.

Ustedes me hablan de descontento y después de “consideraciones humanitarias”. Yo siento no  poderme expresarme correctamente para que se me pueda entender en lo que es real: yo nunca he pretendido dar lástima, que se me comprenda, pedir condolencias…Yo, sólo pido que se cumplan las leyes con rigor, tanto penales, como sanitarias y constitucionales, pero por lo visto esto tan fácil de hacer, en mi caso resulta imposible de comprender.

Sólo me queda decirle, Mr Schmidt, que si este Comité es incapaz de rectificar en su decisión, cometerá una gran injusticia basada en la violación de los Derechos Humanos, y entregará un informe basado en la mentira y en la violación del Código Penal, la Legislación General de Sanidad y en la propia Constitución de mi propio país.

Es posible que con tantos palos recibidos por parte de la justicia o mejor dicho, por parte de algunos que dicen que imparten justicia, puesto que en mi caso de aplicarse correctamente el Código Penal, los médicos que mataron a mi hijo ya estarían en la cárcel hace años, y después de tanta burla recibida por parte de los que tan salvajemente le mataron, yo ya tendría que estar hecha polvo, como vulgarmente se dice, pero he heredado una de todas las cosas buenas que tenía mi hijo: a ser paciente y a no perder la confianza. Y esto es lo que hago: no perder la confianza, porque sé que las cosas cambiarán, y los derechos y la vida de las personas serán respetados y los asesinos que mataron tan brutalmente a mi hijo llegará el día que serán condenados. No puede ser de otra forma.

La vida tiene cosas extrañas, distinguido amigo: Hace muchos años estuvimos con mi marido y mi hijo en Suiza pasando unas buenas vacaciones siendo nuestro alojamiento principal, Ginebra. De aquí partíamos con el coche para hacer las excursiones…Después mi hijo había venido más de una vez para esquiar con los amigos…Y, ahora…en este mismo lugar, donde en 1864 se estableció la Convención de Ginebra  para aliviar la suerte de los heridos y enfermos en el frente, se acepta de buen grado que quemen (achicharren, utilizando la expresión que utilizó la señora Fiscal en una de las vistas orales del juicio) el  cerebro físicamente sano de las personas  condenándolas a padecer terribles sufrimientos y una muerte cruel cuando  tan sólo pretenden  solucionar un problema psicológico: tan solo, una neurosis obsesiva. Un gran contrasentido ¿no cree Mr. Schmidt?.

Tengo la seguridad de que algún día los señores y señoras del Comité, se darán cuenta de la gran injusticia que han cometido, aunque quizás para ello ya sea demasiado tarde.

Quizás si algún día vuelvo a Ginebra y me recibe, tendré el gusto de visitarle.

                                                                                      Atentamente,

                                                                    

                                                                                 Fdo. Isabel Ferragut Pallach.

  

NOTA:

Según conversación mantenida con mi abogado, al parecer el principal escollo que existe para que el Comité de Naciones Unidas no pueda aceptar, digamos con libertad los casos españoles que les llegan cuando han sido desestimados o perdidos en el Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo, son los acuerdos firmados por el propio Gobierno Español: Acuerdos que dejan en una total indefensión a quienes tienen la necesidad, como es en mi caso, de recurrir a este Comité.
Para intentar erradicar esta situación de indefensión, se solicitará entrevista con el Presidente del Gobierno Española, para ver la posibilidad y la forma de revisar estos acuerdos y en su caso subsanarlos.

No quiero ser desagradecida con el Comité, y agradezco que “simpaticen” como dicen, con mi sentimiento de descontento, lo que me hace pensar que la decisión que se han vistos obligados a adoptar debido a los acuerdos, no es de su agrado.