Después de haber agotados las vías penales, como ya he explicado anteriormente, presento un Recurso de Amparo ante  la “Office of the United Nations High Coomisioner for Humans Rights”. Geneva –Zwitzerland.

 Hasta pasados dos años no recibo contestación. Si creemos que los Altos Tribunales de Justicia actúan con más rigor y rapidez que los españoles, si creemos que se respetan más los tiempos establecidos y tienen más en cuentas a las víctimas que sufren el añadido de esperar día a día la decisión de los Altos Comisionados, estamos equivocados: todos funcionan igual: el derecho del ciudadano agredido o muerto es lo que menos cuenta.

En la página de United Nations Humans Rights:
http://www.unhchr.ch/tbs/doc.nsf/0/b3631031212862bfc1256e92004fcb1e?OpenDocument 21/5/2004, pueden encontrar información, adulterada, por supuesto, al respecto.

El día 28 de Mayo de 2004, el día anterior a insertar este nuevo escrito en esta página, contestando a la carta de Naciones Unidas (ver web de Naciones Unidas), son enviadas tres cajas a la “Office of the United Nations High Comisiones for Humans Rights” conteniendo 17 libros, 17 dossiers y 17 cartas. Un libro, un dossier y una carta para cada uno de los señores y señoras que forman el Comité y para la Señora Jefa de Tratados y Comisiones.

La carta, está redactada en los siguientes términos:

UNITED NATIONS
HIGH COMMISSIONER FOR HUMAN RIGHTS

Palais des Nations
CH – 1211 GENEVE 10

 

A la atención de:

Dña.  María Francisca, Jefa Tratados y Comisiones, y de los señores y señoras miembros del Comité, D. Nisuke Ando, D. Prafullachandra  Natwarlal  Bhagwati, D. Alfredo Castillero  Hoyos, Dña. Cristine Chanet, D. Franco Depasquale, D. Maurice Glèlè Ahanhanzo, D. Walter Kälin, D. Ahmet Tawfik Khalil, D. Rafael Rivas Posada, D. Nigel Rodley, D. Martín Scheinin, D. Ivan Shearer, D. Hipólito Solari Yrigoyen, Dña. Ruth Wedgwood, D. Román Wieruszewski y D. Maxwell Yaldren.


Distinguidos señores y señoras:

En relación  con la decisión que ha tomado este Comité de Derechos Humanos sobre el caso de la muerte de mi hijo Arturo Navarra en manos de los médicos Benjamín Guix Melchor y Enrique Rubio García por una clara imprudencia temeraria profesional  (Comunicación Nº 1074/2002: Spain. 28/04/2004. CCPR/C/80/D/1074/2002. (Jurisprudence)), quiero expresar lo siguiente:

En primer lugar:   Dejar constancia ante este Comité, de mi más enérgica protesta por la forma en que ha sido tratado el caso de mi hijo Arturo, tanto a nivel judicial como a nivel humano.

En segundo lugar: Quiero comunicarles que, cuando yo decidí dirigirme a este Comité de Derechos Humanos, no tenía la seguridad de que ustedes lo admitieron a trámite, pues no ignoro que debido a  Convenios Internacionales, un comité no puede atender los casos que antes ya han sido atendidos por otro alto Tribunal como en mi caso, el Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo.
No obstante, ante las grandes injusticias judiciales que se han ido sumando en el caso de mi hijo, ante mi desesperación e incredulidad de que esto fuera posible, creí que tenía que haber forzosamente algún tribunal que estudiara el caso con ecuanimidad, rigor y valentía, y fue sólo esta esperanza mía lo que me impulsó a dirigirme a ustedes. Tan solo que me hubieran recordado su imposibilidad de aceptar mi caso a trámite debido a los Acuerdos Internacionales, lo hubiera comprendido.

Pero, no: Ustedes no se han limitado a decirme que no podían atender mi petición debido a los Acuerdos Internacionales; ustedes han estudiado a vista de pájaro mi caso y lo han desestimado porque se han dejado contaminar por un proceso que viene desde su inicio cargado de irregularidades y violaciones de las leyes vigentes en  mi país tanto penales, como  sanitarias y constitucionales, y lo mismo que sus antecesores, han querido permanecer ciegos y sordos ante una actuación médica brutal y criminal que ha sido considerada una de las más atroces cometidas dentro del mundo de la medicina de mi país y una de las que más ha impactado.
Lamento haber sido tan ingenua de creer que este  Comité llamado de los Derechos Humanos, actuaría de distinta forma a los anteriores tribunales y que su actuación y decisión estarían de acuerdo con lo que su rango indica. Claro que también lo creía cuando me dirigí al Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo.

Yo, no voy aquí a darles una especie de conferencia sobre todo un proceso que parece más bien sacado de una pesadilla de ciencia ficción que de una realidad, tanto en lo que se refiere al tema médico como al judicial. Yo, me he tomado la libertad de enviarles a cada unos de ustedes un ejemplar del último libro que he escrito sobre la muerte de mi hijo así como un dossier en el que podrán leer con facilidad, si lo desean, aspectos que les puede hacer comprender el porque de mi insistencia en este dramático proceso.
No obstante, si que me permito en este escrito, resaltar algunos puntos a los que ustedes aluden y que me parecen importantes destacar:

1.- Ustedes me hacen un recordatorio de mi recorrido judicial, haciéndome notar que todas mis peticiones han sido desestimadas. Deben de comprende que, si mis peticiones no hubieran sido desestimadas yo no hubiera tenido necesidad de llegar hasta ustedes. No hacía falta recordármelo.

2.- Parece como si ustedes me reprocharan el hecho de presentar el caso de forma distintas a como se ha presentado en los otros tribunales.  Me hablan  de “pretender” (palabra por otro lado ya conocida para mí y usada a menudo por los tribunales, sobretodo cuando se quiere desprestigiar a mi persona), como si mi intención hubiera sido engañarles, como esperando que ustedes distraídos no se dieran cuenta de que era el mismo caso que ya había sido desestimado en el otro Alto Tribunal. Dicho vulgarmente, como si quisiera “colarles” algo sin ninguna justificación. No me parece muy elegante la forma que utilizan, pero bueno, da lo mismo. Miren: se de la forma que se le quiera dar en el escrito de petición por parte de mi abogado, solo hay una y única terrible realidad, y ésta es la de que, a mi hijo lo mataron salvajemente, brutalmente, lo machacaron y esto lo consiguieron a través de unos de los engaños más atroces y condenables que se han podido llevar a cabo nunca dentro del mundo de la medicina de mi país. Y esto no lo cambia nada, no lo cambia ninguna forma de escritura por más variada que ésta se presente.

3.- Mi hijo, no lo olviden, era una persona físicamente sana, fuerte, vital, con una salud de hierro que tan sólo pretendía solucionar su problema psicológico (una neurosis obsesiva) para poder vivir una vida sin preocupación en cuanto a su salud. Le vendieron el tratamiento del “futuro”, asegurándole que le iría muy bien para solucionar su problema, asegurando muy mucho que de no conseguir los resultados esperados se quedaría como estaba y esto es lo único que mi hijo acepto. Pero en una sola sesión,  en una sola, y una dosis letal de “Rayos Gamma” acabaron con su joven vida. 
¿Creen ustedes de verdad que importa la forma que se use para denunciar este crimen execrable comparado por expertos profesionales de la medicina de dentro y fuera del Estado Español con las atrocidades que cometieron los médicos de la Alemania Nazi con sus experimentos?

A mi hijo no le dejaron ni la más mínima posibilidad de esperanza de vida. Ingresó físicamente sano en la clínica DEXEUS y regresó a casa condenado a muerte sin solución ninguna. En una de las vistas orales del juicio, los rayos aplicados en el cerebro de mi hijo, fueron comparados por expertos profesionales de la medicina con los rayos que mataron a miles de personas en Chernóbyl: las células chocan unas contra otras, se produce una reacción en cadena imparable y, la muerte. No hay vuelta a tras. No hay salvación posible. Esto tampoco tuvo ninguna importancia para el juez o para los jueces que han tomado parte en este escandaloso proceso.

4.- Ustedes insisten, como todos sus antecesores, en que mi hijo firmó un documento autorizando la intervención de radio-cirugía que se le practicó y que dicho documento mencionaba expresamente los posibles efectos secundarios. Y yo pregunto: ¿Que efectos secundarios aceptó mi hijo? ¿Que le achicharraran el cerebro, que le convirtieran en un demente senil, que le convirtieran en un inválido, tener que padecer atroces sufrimientos y tener que pasar por una terrible operación para descomprimir el gran edema producto de la radiación y extirparle un pedazo de cerebro quemado con la intención de que sufriera lo menos posible en su camino imparable e infernal hacia la muerte para finalmente morir convertido en una pobre piltrafa humana, en un guiñapo doliente, ciego, destrozado,  paralizado? ¿Aceptó morir padeciendo sufrimientos inenarrables? ¿Estos son los efectos secundarios que creen ustedes que pudo aceptar  mi hijo?. La muerte no es un efecto secundario: la muerte es la muerte y, ni ésta ni ninguna de las atrocidades que le echaron encima a mi hijo están reflejadas en ningún documento. Y es que no se puede, porque sería ilegal médicamente ofrece algo con riesgos tan terroríficos, que no efectos secundarios, para solucionar un problema psicológico.

Mi hijo acudió a la clínica DEXEUS, después de  rechazar el tratamiento propuesto en el Hospital del Valle de Hebrón por los riesgos que comportaba. Esto no ha interesado a nadie como tampoco ha interesado la hoja de preguntas que mi hijo tenía escritas de  su puño y letra; preguntas que hizo a los médicos para tener la seguridad de no olvidarse de preguntar algo que después diera pie a aceptar “algo” a lo que él no estaba dispuesto. Esta hoja que fue entregada al juez como prueba, es como si nunca hubiera existido. El juez, ni la mencionó.

5.- En cuanto al Consentimiento Informado que se ha utilizado para que los médicos escaparan de la cárcel que solicitaba la señora Fiscal, tienen ustedes que saber que, el documento al que hacen alusión los jueces no es el mismo que mi hijo firmó delante de mí en el despacho del doctor Guix en la clínica DEXEUS. Este era en el que daba su consentimiento, pero sin aceptar el más mínimo efecto secundario y menos riesgos. Es decir, aceptó los efectos secundarios de los que le informó el doctor Guix: “Dos o tres días de dolor de cabeza y quizás ni eso”.
El documento que me presentaron en el juicio yo no lo había visto antes y así lo manifesté al juez. No obstante, tampoco dice nada en concreto. Pero, no obstante hay una falta grave que entra en otra de las ilegalidades conforme la Legislación General de Sanidad, y es que dicho documento lleva la fecha del mismo día en que le irradiaron, lo cual se lo hicieron firman cuando ya estaba dentro de la sala de operaciones sin ningún testigo delante y utilizando el “abuso de confianza” tipificado como agravante de delito en el Código Penal Español: Cuando uno antes ya ha firmado un consentimiento informado y a depositado su confianza en el médico que le va a tratar (en este caso el doctor Guix; el doctor Rubio apareció en la clínica DEXEUS sin tener nosotros conocimiento de que tomaría parte en la intervención), sólo presentándolo como un formulario más, uno firma confiadamente lo que le dan a firmar. La mala fe y la maldad de estos individuos es notoria y de sobras conocida en mí país, yo desgraciadamente lo supe después.

6.- Ustedes dicen que yo me quejo de que no he sido escuchada. Y así es. Pues la sentencia esgrimida por el juez José Mª Assalit Vives, cuenta una historia que nada tiene que ver con la realidad. Pero lo más grave es que no soy yo  la única que no  ha sido escuchada, lo más grave es que no han sido escuchados  los médicos que diagnosticaron la “lesión por radionecrosis profunda e inoperable” resultado de los rayos aplicados en la clínica DEXEUS  que llevó irreversiblemente a mi hijo  a la muerte y que se mantuvieron firmes en su diagnóstico.
No fueron escuchados los médicos que diagnosticaron la lesión, ni los médicos que atendieron a mi hijo en su desgracia de una u otra forma hasta su muerte, no fueron escuchados los histopatólogos quienes estudiaron minuciosamente el cerebro de mi hijo, cuando declararon que, “ si no hubiera sido por la radiación el cerebro de mi hijo no tenía nada”, señalando expresamente que, “la radiaciones ionizantes mal aplicadas matan y esto era lo que había sucedido con mi hijo”, y, curiosamente el juez se quedó especialmente sordo cuando el doctor Enrique Rubio García,  a la pregunta de la señora Fiscal de que, si había avisado a Arturo Navarra que se podía quedar en una silla de ruedas o morir, éste contestó: “¡HOMBRE! ¡NO! ¡PORQUE NADIE SE LO HARÍA!” Añadiendo, cínicamente que: “LOS RAYOS DE VEZ EN CUANDO DAN UNA BROMA Y SI LA DAN ES IMPREVISIBLE”.  A lo que la señora Fiscal le preguntó si creía que era una broma el que muriera una persona.

Como también se quedó especialmente sordo el juez, cuando a la pregunta de la señora Fiscal al doctor Benjamín Guix Melchor de, que criterios siguió para aplicar la radiación,  éste contestó: “POR EL OJO CLINICO”.  Alguien en la sala – familiar - no pudo resistirlo y en voz alta le gritó: “ BURRO “.
Permítanme que les diga, señores y señoras del Comité, que yo puedo aplicar por “el ojo clínico” los polvos al lavavajillas, pero aplicar rayos en el cerebro por “el ojo clínico” me parece una burla cínica, no solamente para las personas afectadas, sino incluso para  la propia clase médica.

Y por ultimo, solo preguntarles si ustedes creen que una sentencia es legal, cuando se dice que los médicos actuaron dentro de la “Lex artis”, cuando, repito, el médico profesional dice que aplicó los rayos por “el ojo clínico”; cuando el juez dice en su sentencia que: “Es cierto que en el caso enjuiciado podría haber ocurrido que se hubiera suministrado una dosis mayor que la facilitada por los acusados en su informe – ya sea por error, o negligencia, o por entender erróneamente que era la conveniente – que el colimador empleado no fuera el adecuado para este tipo de intervención, que hubiera habido algún fallo en el direccionamiento de alguno o de varios de los haces de forma que no hubieran incidido de forma precisa en los puntos deseados”…Y, sigue

Señores y señoras del Comité: ¿Ustedes creen sinceramente que esta es una sentencia legal y justa?: “Por el Ojo clínico” mataron a mi hijo; “Con los rayos bromistas” achicharraron el cerebro de mi hijo, por aquello de “podría haber ocurrido” no se sabe si hubo error, negligencia, entender erróneamente, colimador no adecuado, etc, etc, destrozaron y mataron a mi hijo y, ¿todavía se tiene el cinismo de decir que los médicos actuaron dentro de la “Lex artis”?.

Creo que la capacidad de soportar burlas macabras cuando se trata de la muerte de un hijo acompañada de tantos y tantos terribles sufrimientos impuestos gratuitamente por unos seres malditos, tiene un límite, y mi capacidad después de soportarlos durantes tantos años, está llegando a su fin, después de haber llegado hasta ustedes, aunque quedan  resoluciones judiciales pendientes, tendré que pensar en algo…no sé…En otra cosa.

Después de todo lo expuesto, hablar de que mi hijo fue contra su voluntad utilizado como animal de experimentación, creo que es bien acertado aunque ustedes no quieran ni  siquiera entrar a valorarlo. No lo olviden: ojo clínico, rayos bromistas, la exposición que hace el juez en cuanto el error, negligencia, entender erróneamente…No avisarlo de que se podría quedar en una silla de ruedas o morir, porque, ¡Hombre! Nadie se lo haría…
Y si encima el juez reconoce que se ocasionó una lesión necrótica de gran entidad no deseada….pues…¿Qué más quieren?

Cuando en las vistas orales del juicio se hizo alusión a Chernóbyl, uno de los histopatólogos que estudió el cerebro de mi hijo, hizo también alusión a las personas que resultaron muertas en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza por exceso de radiación cuando se estaban tratando de cáncer.
Esta actuación fue condenada.
El que estas personas hubieran muerto de cáncer a pesar de intentar poner los medios al alcance para curarlas, hubiera sido aceptable. No todos los cánceres tienen solución, pero por lo que no podían morir era por un exceso de radiación resultado de una clara imprudencia médica. Como digo, este hecho fue condenado: en el caso de mi hijo, una persona físicamente sana y fuerte, le “achicharran” el cerebro, y además en una sola sesión de “Rayos gamma”, lo condenan a morir de la forma más atroz que se puede imaginar y no pasa nada: los jueces “inventan” que ya le avisaron y, todos tan contentos.

El artículo 343 del Código Penal, dice textualmente: “El que exponga a una o varias personas a radiaciones ionizantes que pongan en peligro su vida, integridad, salud o bienes, será sancionado con la pena de prisión de seis a doce años, e inhabilitación especial para empleo o cargo público, profesión u oficio por tiempo de seis a diez años”.
Mi hijo sufrió todo esto, pero da igual: un muerto más o un muerto menos ¿que más da cuando está en juego el “prestigio” y la libertad de tipos con bata blanca que trafican con negocios de máquinas millonarias?

Saben, en la sentencia dictada por el juez José Mª Assalit Vives, tengo que sufrir su burla cínica y cruel cuando dice que, mi hijo cuando salió del centro médico (Hospital del Mar), después de su primer ingreso en el que descubrieron la lesión por radionecrosis profunda e inoperable, “pudo hacer una vida prácticamente normal”.
Yo les diré cómo y porqué salió mi hijo del Hospital del Mar después de su primer ingreso:
Mi hijo regresó a casa porque en el hospital ya no podían hacer nada más por él. Mi hijo se moría y únicamente se le podía administrar la Dexamatasona que lo mantenía falsamente con vida, porque como le dejaron el cerebro nadie podía vivir, aunque él desgraciadamente debido a su salud y fortaleza que siempre había tenido, vivió muriendo lentamente durante cuatro años y seis meses.

A partir del momento en que mi hijo salio del centro médico, como dice el juez Assalit, nuestra casa se convirtió en un anexo del Hospital del Mar (cosa que a él no le interesó saber), pues aunque los médicos ya no podían hacer nada por mi hijo, no nos abandonaron.
A partir de este momento (a partir ya de que hizo su aparición el resultado fatal de las radiaciones) mi hijo, entretanto mal vivió, necesitó atención personal las veinticuatro horas del día, se le tenía que curar, medicar, asear, vestir, atenderlo en sus necesidades más íntimas, sufría fuertes paralizaciones, llegaba a cotas de demencia senil máximas, su cuerpo se iba destruyendo día a día provocándole grandes sufrimientos….y así día a día, unas veces ingresándole en el hospital (aunque yo sabía que no le podían hacer nada, yo todavía no aceptaba del todo la terrorífica realidad) y otras en casa esperando su muerte anunciada ya irreversible, mi hijo fue sufriendo un calvario imposible de imaginar. Esto para el juez Assalit Vives, señorías, “era poder hacer una vida prácticamente normal”.
Las burlas que he tenido que sufrir por parte de la justicia ( o por los jueces que me han tocado en suerte) son difíciles de digerir, pero…

No quiero alargarme más: primero, porque como verán todo está escrito en el libro y en el dossier que les entrego, sentencia incluida del juez Assalit Vives y su descalificación  y, segundo, porque seguir escribiendo años tras años sobre el mismo drama para intentar convencer a quienes ya saben muy bien de la actuación criminal cometida contra mi hijo, pero que no les condenan porque no le da la gana de condenar, hace daño, y lo cierto es que no me puedo permitir que quienes me causan daño y acaben conmigo sean precisamente los jueces, cuando los malditos que mataron a mi hijo no lo han podido conseguir.

No les pido que me contesten, ya no me interesa: Lo único, decirles que con sus actuaciones ustedes hacen que gente pacífica, que gente que siempre ha confiado en la justicia, recibiendo tanta humillación, tanta injusticia, tanta burla cruel y esto con el recuerdo, en mi caso, de mi hijo, de su imagen hablando y confiando en los adelantos que nos ofrece la ciencia, confiando plenamente con  el doctor Guix sobre lo que le proponía y sobre como supo ganar la confianza de mi hijo, recordando su fortaleza, sus ilusiones, su inteligencia, su música, mi hijo era un virtuoso del piano, y sobretodo su bondad, y después recordando en lo que le convirtieron y en lo que le hicieron sufrir, la tortura que le infringieron, su lucha inútil para intentar salvar su vida  y como murió, invitan a que uno haga todo aquello que le sea útil, todo, para paliar un poco tanto dolor y tanta injusticia acumulada.

Ustedes apoyan a médicos que utilizan su título para enriquecerse a costa de las necesidades y los sufrimientos humanos, a médicos sin ninguna tipo de escrúpulos,  sin ética moral ni profesional, a gente que engaña, estafa, destroza y mata, sin importarles un ápice el dolor que causan ni a las familias que dejan destrozadas por el camino sólo con un único fin, el lucrativo. Ustedes apoyan y defienden a puros gansters que han encontrado en la medicina un medio ideal para llevar a cabo sus prácticas abusivas, sus fechorías, poder cometer impunemente sus atrocidades, sus desmanes y sus locuras, porque saben que, al menos hasta el momento, por más que violen las leyes, por más que maten, por más que se burlen de la dignidad y la vida humana, y por más que estafen y se enriquezcan ilegalmente, siempre encontraran  tribunales que les protegerán. Pero saben, todo cambia, y todo tiene un fin y algún día estos gansters con bata blanca, terminaran donde deben de estar.

No dejen de ver las fotografías que les adjunto de mi hijo. Espero que les sirvan de un buen recuerdo para que no olviden la injusticia añadida que ustedes acaban de cometer y que,  yo por mi parte la añadiré a mi colección de “errores judiciales”, como un recuerdo más de mi paso por los Altos Tribunales de Justicia.

No lo olviden: …un muchacho joven, fuerte, inteligente, bondadoso…Un problema psicológico, una neurosis obsesiva…El tratamiento del futuro…Una sola sesión…Una dosis letal de rayos gamma…La muerte precedida de terribles sufrimientos…¿Qué creen ustedes que debo hacer?

Sólo hacer una puntualización: Ustedes en su comunicado, dicen: "Hecho en español, francés, e inglés, siendo la española la versión original. Posteriormente  se publicará también en árabe, chino y ruso como parte del informe anual del Comité a la Asamblea General". ¿No creen ustedes que para ser honestos en su informe deberían unir el escrito que les envío?
Este escrito será insertado en mi página Web ya anunciada.

   

                                                                       Fdo. Isabel Ferragut Pallach.

NOTA:

Se estudia llevar el caso ante el Tribunal Europeo de Justicia, quien ya en el año 1997 condenó a España por no adoptar las medidas que exige la Unión Europea para proteger de radiaciones innecesarias a pacientes que se someten a tratamientos radiológicos.