Muestra de la carta enviada a todos los portavoces de los partidos políticos y al presidente del Congreso de los Diputados.

Sr. D  José Antonio Alonso                                                            
Portavoz  Parlamentario  por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en el Congreso de los Diputados (Madrid)                                                                                                                                                                

Distinguido Señor:

Me he tomado la libertad de enviarle el nuevo “Testimonio” que he elaborado a través del cual denuncio una vez más la trágica muerte de mi único y querido hijo Arturo, víctima de una negligencia médica que, por su extremada gravedad y connotación, ha impactado a un gran número de profesionales de la medicina de dentro y fuera de nuestro país.

Todas las negligencias son graves, sólo el hecho de ser una negligencia ya lo es, y más grave todavía, naturalmente, cuando el resultado es la muerte. Pero, todo y así,  quizá, la negligencia que padeció mi hijo resulte más alarmante, más sangrante, porque mi hijo era una persona físicamente muy sana que tan sólo intentaba solucionar un problema psicológico: una neurosis obsesiva-manías como se les llamaba antes. Para solucionarla, en la Clínica DEXEUS le vendieron el “tratamiento del futuro”, un tratamiento tan extraordinario que parecía que los psicólogos y psiquiatras ya no serian necesarios en el futuro, y como que la Clínica DEXEUS  era una clínica de gran prestigio, pues convencieron a mi hijo para que lo aceptara y a mí también. Pero la realidad fue que a mi hijo, como sentenció la Señora Fiscal en una de las vistas orales del juicio contra los médicos, en lugar de solucionar su problema, le “achicharraron” el cerebro, condenándolo irreversiblemente a muerte, a una muerte lenta y cruel. Una sola sesión de “rayos gamma”, una sola, terminaría con su joven vida, no sin antes haber tenido que padecer sufrimientos tan terribles que resultan difíciles de poder transmitir. Parte explicado en mi testimonio y como me ha sido posible.

También, como se podrá ver en el mismo, se denuncia la gran injusticia judicial que ha envuelto y sigue envolviendo este caso después de los años transcurridos, impactando, también, a la opinión pública de distintas capas sociales de distintos países del mundo. Ha sido el caso de mi hijo, uno de los que mayor resonancia mundial ha tenido, tanto por el hecho médico como por el hecho judicial.

No puedo pedirles a los miembros del partido al cual usted pertenece, ni a todos los políticos en general, que lean mi testimonio página por página profundizando en cada una de sus frases, palabras o sentimientos, porque entiendo que es un poco denso, pero sí que les ruego que, al menos, lo que lean, lo valoren en su justa medida.

No obstante, el hecho de dirigirme a usted – a ustedes -, no es el de denunciar solamente  el caso de mí hijo, es el de denunciar las negligencias médicas en general y hacerles una petición al respecto: ¡No nos sigan negando! No hagan como si las víctimas de negligencias médicas no existiéramos, porque, ¡existimos! Este es el ruego que les hago: ¡No nos ignoren ya más, ¡por favor! ¡Por favor!

Por lo que he ido viendo y escuchando en la campaña de esta nueva Legislatura, si bien se han recordado las víctimas de todo tipo de agresiones poniendo los políticos su acento en los esfuerzos que van a hacer para intentar erradicarlas – poniendo todo tipo de medios habidos y por haber  por lo que les felicitamos, ¡cómo no! -, ni una sola vez, ni una sola, se ha hecho mención a las víctimas de negligencias médicas, cuando son cientos por no decir miles, los casos que se denuncian cada año en nuestro país. Sólo la oficina de la Asociación el Defensor del Paciente, a la cual tengo el gusto de pertenecer desde su fundación, ha recibido miles de denuncias desde que empezó a funcionar; su oficina se encuentra colapsada con casos verdaderamente aterradores, y, sabe, en lugar de que la Administración de Sanidad se interese del por qué una Asociación recibe tantas denuncias de negligencias y tantas quejas de los servicios sanitarios para saber y estudiar de donde vienen los fallos y ver de subsanarlos para el bien de la salud pública en general, todavía se pretende desacreditarla, ignorando la realidad aplastante y a las víctimas que tenemos la temeridad de denunciarlas. Incluso, ahora, como cosa novedosa, se nos encasilla en la política, algo que antes nunca había  sucedido. Cuando se denuncian hechos lamentables y punibles que producen escándalos públicos y que lo único que se pide es que se respeten los derechos del enfermo porque  algunos médicos irrogándose el papel de Dios los violan, se nos dice que hacemos política y se nos  encasilla a un partido u a otro, cuando ni siquiera muchas de la víctimas no pertenecen o no militan en ningún grupo político. Tristemente, es la ley del avestruz que pone la cabeza bajo el ala  para no ver lo que pasa a su alrededor, o, peor si cabe, distorsionar la realidad para proteger intereses que, a nosotros, las víctimas, directas o indirectas, no nos interesan para nada.

Quiero llamar su atención sobre el porque la salud y la vida de los pacientes están en constante riego por si algunos de ustedes, los políticos, pueden hacer algo para subsanarlo. Lo he dividido en cuatro partes:

Primera: Responsable la Administración: todas las carencias que contiene la Sanidad Pública hace muy difícil que los médicos honestos y responsables de su trabajo puedan ejercerlo con todos los medios necesarios a su alcance. Estas carencias, llevan, en muchos casos, a la agravación de la enfermedad del paciente o incluso al fallecimiento sin que el médico pueda evitarlo: las famosas listas de espera y los colapsos en urgencias, por ejemplo, que a la vez colapsa el trabajo del profesional. En cuanto a la sanidad privada, ya es otra cosa: ellos tienen los medios, los médicos cobran lo que les da gana, muchas veces no dan recibo, y si te matan, pues no pasa nada de nada porque la Administración te dice que no puede entrar en el tema por ser privado, con lo cual, las personas que acuden - o acudimos -, a la medicina privada, si fuera posible, todavía se encuentran en una mayor indefensión ante el Sistema Sanitario y ante el derecho que tienen a la salud y a la vida como señala nuestra Constitución, y si no tienes dinero para tirar adelante los procesos judiciales, ya puedes morirte de pena en un rincón porque nadie te va a ayudar.

Segunda: Responsable la Administración y el médico a título personal. Aquí entramos en los médicos enfermos: alcohólicos, esquizofrénicos, drogadictos, depresivos, algún que otro psicópata…. Está claro que estos médicos entretanto se tratan de su enfermedad o adicción no pueden seguir ejerciendo, pero esto no es así: siguen ejerciendo, a lo sumo lo que hace la Administración, Colegios de Médicos incluidos  – el de Barcelona sabe mucho sobre este tema -, es traspasarlos de un hospital a otro. Evidentemente, los pacientes que caen en manos de estas personas corren riesgos de todo tipo. Y si ahora, al parecer, van a encarcelar a la gente que conduce temerariamente aunque no haya matado a nadie, ¿cómo se puede permitir que pacientes corran riesgos que les pueda causar, incluso, la muerte al dejarlos en manos de estas personas como así ha sucedido?.

Tercera: Los que teniendo a un paciente entre sus manos, pensando en las “musarañas”, le cortan la pierna sana cuando tenían que haberle operado del hígado. Lamentablemente, se han hecho muchos chistes sobre estas tragedias, cuantiosas además, cuando quiénes han cometido lo que para algunos es motivo de chiste, deberían de estar en la cárcel.

Y, cuarta: Gente a la que no le importa para nada la vida de las personas que tiene entre sus manos, porque, para ellos, la vida ajena como vida no vale nada, vale lo que una  mercancía les pueda reportar pingües beneficios. Y en este caso, muy especialmente, se encuadra el caso de mi hijo. Los que mataron a mi hijo, los médicos Benjamín Guix Melcior y Enrique Rubio García, sabían que le podían matar, no lo evitaron, lo mataron y nada les importó haberlo hecho; es más, encima de burlaron, se rieron en las vistas orales del juicio, y se siguen burlando de él y de toda su familia. Esta gente que parece imposible que exista en el mundo de la medicina, existe, y en gran número además; gente que sólo les mueve el deseo de enriquecerse a costa de la gente de buena fe y de sus necesidades, y, en nuestro caso, a través del negocio de máquinas millonarias que tienen montados entre unos y otros. Pero lo que es peor, si cabe, es que, a esta gente, peligrosa en extremo, se le permite seguir ejerciendo con el beneplácito de la Administración de Sanidad y de la mayoría de los Jueces a pesar de las leyes que condenan con penas de cárcel estas actuaciones.

Las víctimas de negligencias médicas hemos de sufrir la indefensión más absoluta: el ataque de los médicos que nos causan el mal, la indiferencia de ustedes, los políticos, los informes falsificados de los forenses, las injusticias judiciales - los jueces actúan más como abogados defensores de los acusados que como juzgadores -, no podemos salir a manifestarnos porque nos amenazan por todas partes, nos denuncian porque dicen que les calumniamos y les injuriamos y los jueces nos condenan. Yo, personalmente, estoy condenada por dos veces y seguramente seguirán más condenas porque, como se puede comprender, nadie me puede prohibir que de mi testimonio verdadero de lo que pasó, como pasó y de quiénes son los médicos culpables. Y, fíjense que puedo hacerlo porque no tengo más hijos, sino me tendría que cuidar muy mucho de hacerlo porque ellos, los hijos, podrían pagar las consecuencias.

Es una situación inimaginable, dantesca, de ciencia ficción la que sufrimos las victimas de negligencias médicas. Y, por más ignominia, se nos acusa de querer enriquecernos a costa de las mismas.

La Señora Inés Huerta Gaditano, Presidenta de la Sección Octava del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, no ha tenido ningún reparo ni ningún pudor en decir, públicamente, en el Colegio de Médicos de Madrid y en unas “jornadas de trabajo” como se les llama, que, “quiénes denunciamos encontramos en las negligencias una forma de enriquecernos”.
¡Una forma de enriquecernos!... No olviden ¡por favor!, ustedes, los políticos, que cuando se nos ataca de querer sacar dinero en los procesos judiciales, antes han sido “ellos”, los médicos agresores, los que nos han sacado el dinero, y no solamente el dinero que sería lo menos importante, sino la Salud y en muchos casos la Vida de nuestros seres más queridos; en muchos casos, de lo más sagrado que tenemos en las vida, que son nuestros hijos. Acusar a las víctimas de querer sacar dinero, es otra ignominia que tenemos que soportar y en este caso por parte de algunos de los jueces, como la señora Huerta Gaditano. Incluso, cuando se ganan los pleitos, resultan una burla para las víctimas puesto que en muchos casos no cubren ni las costas que han supuesto tirar los procesos judiciales adelante. Con la particularidad de que, cuando te ofrecen dinero para intentar silenciar la negligencia, con lo cual reconocen abiertamente el daño, si lo rechazas porque quieres justicia y que encarcelen a los culpables como marca la ley, los jueces “te castigan”, pierdes y ya no tienes nada que hacer. Este caso, desgraciadamente, también lo he sufrido y sigo sufriendo. Así son las cosas para las víctimas de negligencias médicas.

Cuántas veces me he preguntado: ¿Quién puede tener el alma tan negra para creer que una compensación económica puede pagar la muerte de un hijo, o un coma irreversible, una incapacidad?... ¿Cree alguien que con dinero se puede pagar el daño causado a las víctimas de esta sin razón médica que sobrepasa los límites de la comprensión humana?.

A mi hijo le robaron su Salud, su dinero y su Vida. Yo tuve que vender, no el negocio, los negocios y nuestro patrimonio para poder atender todas las necesidades que se le crearon a mi hijo por culpa del exceso de radiación que lo condenó irreversiblemente a  muerte, y poder seguir con los procesos judiciales que, todavía hoy, después de casi dos décadas de haberlos iniciado, no han terminado - sólo para poder ver sentados en el banquillo de los acusados a los culpables ya tuve que esperar siete años a partir del momento en que la querella fue admitida a trámite; ésta ya fue la primera gran injusticia judicial -, y, a mí, a mi me han destruido la vida. ¿Cree alguien que esta es la forma de enriquecerse? Quien así lo crea, que tenga el valor de decirlo, pero mirando a los ojos de las víctimas, a las que han dejado vivas ¡claro!, y vea si después puede seguir sosteniendo esta gran atrocidad. Que lo diga mirando a los ojos de Miguel, hijo de Carmen Flores, Presidenta de la Asociación el Defensor del Paciente, querida amiga y respetada compañera de tantos años de lucha. A los ojos de Miguel al que un médico impresentable y cruel dejó gratuitamente tetrapléjico cuando la intervención era precisamente para que esto no sucediera en un futuro, además, improbable (la intervención era para prevenir); que lo diga mirando a los ojos de los niños que han dejado en como virgíl como dejaron al hijo de mi otra compañera, Marisol Martín Maure, ya fallecido; que mire a los ojos de tantos y tantos niños y jóvenes a los que han condenado gratuitamente a vivir una existencia cruel sin futuro ninguno, o que lo digan mirando a nuestros ojos, a los ojos de los padres y, entonces, quizá, se darán cuenta de los ruines que son sus palabras o de lo ruin que es como persona. No quisiéramos tener que desearle, a quien así se expresas, que para que entendiera lo que significa sufrir una negligencia médica de esta naturaleza, que pasara por la terrible experiencia de tener que padecerla.

A nuestros hijos muertos les han expoliado, les ha robado la vida. A nuestros hijos se les ha negado el derecho a su futuro, a seguir disfrutando de la compañía de su familia, de sus amigos, de poder desarrollar todos su proyectos, casarse, tener hijos, poder disfrutar viendo como éstos crecen y disfrutar de sus alegrías…Disfrutar de las maravillas que nos ofrece la Naturaleza; poder disfrutar de una nueva maravillosa puesta de sol, escuchar el canto de los pájaros, recibir en su rostro el aire fresco de un nuevo amanecer, escuchar una buena música… Sentir el latir de la vida, sentir alegría o pena… Tener ilusiones, esperanzas... Disfrutar de las nuevas tecnologías, de las Obras de Arte y humanas extraordinarias que todavía son capaces de hacer algunos hombres buenos… Y, en definitiva, disfrutar de la vida que les pertenecía. Esto es lo que hacen los hombres malos sin conciencia: segar vidas, segar ilusiones, segar esperanzas…. Peligrosos sociales que nunca se les debería permitir poner un pie en el mundo de la medicina, ni muchos menos, permitir que los jueces, falseando los hechos, les puedan  proteger. Jueces, éstos, tan peligrosos como los propios agresores.

No me alargaré demasiado en esta carta porque en el mismo testimonio tiene usted –ustedes -, mucha más información (aún que hay tanto para contar…), sólo recordarles que, cuando se quiere disculpar a los médicos que cometen negligencias con aquello de que “somos humanos y los humanos cometemos errores”, en medicina no cabe el error humano; en medicina, un error mata y matar esta condenado por ley. Imagínese si el que ha de apretar el botón para enviar un cohete al espacio, tocara el que no debe, y dijera, ¡ay! me he equivocado, y seguidamente explotara con la tripulación dentro. La vida humana es sagrada, no caben los errores; el error se comete porque no se presta atención a lo que se hace, o porque no se está preparado para ejercer la profesión: daños y muertes gratuitas que nunca deberían de producirse, y si desgraciadamente se producen, el responsable ha de ser condenado y apartado de la profesión para siempre. Otra cosa en la imposibilidad de salvar una vida por más esfuerzos que se hagan y medidas que se apliquen. Esto todo el mundo lo entiende.

En cuanto a la otra frase tan “amanida” de que, “la medicina no es una ciencia exacta”, la ciencia exacta o no, nada tiene que ver con cortar la pierna que no es, nada que ver con dejar a un niño de cuatro años tetrapléjico cuando ingresa en la clínica para ser operado de fimosis, o “achicharrar”, recordando la expresión de la Señora Fiscal, el cerebro físicamente sano de un muchacho, de mi hijo, cuando éste tan sólo intentaba solucionar un problema psicológico y que aceptó el maldito tratamiento porque los médicos le aseguraron, repetidamente, que lo peor que le podría pasar era que se quedara como estaba: “¡Háztelo, Arturo, háztelo! ¡No te arrepentirás! ¡Lo peor que te puede pasar es que te quedes como estás pero vale la pena probar! ¡Si te lo haces, será la mejor determinación que habrás podido tomar nunca en tu vida!”, le animaron hasta la saciedad. Mi hijo les creyó, y ellos le mataron. Y, saben, encima no nos dieron recibo ni comprobante de pago por el tratamiento que tuvimos que abonar antes de que éste fuera aplicado. Encima de hacerte sentir culpable, encima te hacen sentir imbécil. Por lo tanto, todo esto no tiene nada que ver con lo de, “somos humanos”, y con lo de la “ciencia exacta”.

Para los Jueces que han intervenido en el dramático proceso de mi hijo, “desviar de la Salud Pública a la Privada alegando que el tratamiento de la pública comportaba riesgos y el de la privada ¡NO!, no dar recibo ni comprobante de pago por la terapia que se tuvo que abonar antes de que ésta fuera aplicada, quemar el cerebro físicamente sano de mi hijo, convertirlo en un demente senil, haber tenido que pasar por una terrible operación en el Hospital del Mar para descomprimir el edema cerebral provocado por la radiación, haberle tenido que extirpar un pedazo de cerebro quemado para intentar que su camino imparable e infernal hacia la muerta fuera lo menos doloroso posible, morir ciego, destrozado, paralizado, desesperado por querer hablar y no poder, destrozado cuando él había sido un muchacho con una salud de hierro, fuerte, inteligente, un buen deportista, un excelente hijo… Todo esto, todo, para los Señores Jueces, es “actuar dentro de la “Lex artis”.
Con el añadido de que las declaraciones de los acusados que deberían de haberles cavado su propia fosa para siempre, para los Señores Jueces, también, son correctas. Preste atención, por favor: Cuando la Señora Fiscal preguntó al doctor Guix que criterios siguió para aplicar la radiación, éste contestó: “Por el ojo clínico”. Alguien en el plenario gritó con toda su alma: ¡¡Burro!! Suponemos algún familiar o amigo. Cuando la Señora Fiscal preguntó al doctor Rubio si en algún momento habían avisado a Arturo Navarra Ferragut que se podía quedar en una silla de ruedas o morir, éste contestó cínicamente: “¡Hombre! ¡No! ¡Porque nadie se lo haría!”. Y añadió: “Y los rayos de vez en cuando dan una broma y si la dan es imprevisible”. La Señora Fiscal le preguntó si creía que era una broma el que muriera una persona. El doctor Rubio agachó la cabeza y no contestó. Estas declaraciones para los jueces también son señas de actuar dentro de la “Lex artis”. La Señora Fiscal terminó su intervención diciendo que si no hubiera sido por la radiación que los acusados doctores Benjamín Guix Melcior y Enrique Rubio García aplicaron en el cerebro de Arturo Navarra Ferragut, Arturo estaría vivo y sería un muchacho feliz. Solicitó penas de cárcel, y una indemnización, pero…, el poder es el poder, y el poder compra y corrompe.

Perdí a mí querido hijo, perdí a mi querida madre que murió de pena por la muerte tan injusta de su querido nieto, perdí todo nuestro patrimonio, todo para buscar justicia, y sabe, el resultado final es que he resultado ser yo la condenada; soy  yo la que les debo dinero a ellos porque dicen que les injurio. No me negara usted, ustedes, que esto no es una burla, una ignominia terrible por parte de la Justicia que pisotea sin ningún tipo de pudor nuestros derechos y nuestra vida. Y todavía más, cuando son los mismos Jueces los que falsean los hechos y violan las leyes que ellos mismo están obligados a hacer cumplir. En mi “Testimonio” explico, como por el hecho de reclamar justicia, todavía nos intentan intimidar desde el Tribunal Supremo Sala Segunda de lo Penal, diciendo que, con nuestras actuaciones podemos cometer “fraude a la ley”. La verdad es que no sabemos si reír, llorar o pegarnos  un tiro.

Sólo para ir terminando, porque creo, o creemos, que es una gran injusticia además de una gran inmoralidad la que padecemos los usuarios de la salud, decir que, cuando se presenta una demanda y se gana, si el daño se ha producido en la Salud Pública, aunque se sepa quien ha sido el médico o médicos culpables, es la Administración la que paga. ¿Que quiere decir ellos? Ello quiere decir que somos los ciudadanos quienes pagamos las destrozas que hacen este tipo de médicos. Alguna vez se nos ha dicho que para eso son los fondos del Gobierno (Administración) para pagar “cosas así”. Miren: Que los fondos del Gobiernos sirvan para pagar a las víctimas de desastres naturales, víctimas de la violencia de género cuando el agresor es insolvente, y otros en los que el Gobierno debe de estar comprometido, no solamente es aceptable, sino que así debe de ser, para eso pagamos los ciudadanos. Pero un médico que cobra del usuario, que tiene su trabajo fijo y la mayoría consultorios privados, que tienes propiedades…, es él quien tiene que pagar el daño que causa. Como dice el dicho: “El que la haga que la pague”.

Nosotros, mi familia y yo misma, hemos pagado autónomos, cotizado a la Seguridad Social - hecho obligado como se sabe -, durante muchos años. Personalmente, puedo contar con los dedos de una mano las veces que he utilizado la Seguridad Social, porque somos muchos los que también nos pagamos clínicas privadas. En el caso de mi hijo, pagamos a una clínica privada porque cuando acudimos a la Seguridad Social (Hospital del Valle de Hebrón), nos dijeron que el tratamiento que realizaban en el hospital, comportaba riesgos, y el que nos ofrecían en la clínica privada (DEXEUS) ¡No!.

Como he contado, pagamos por el tratamiento, no nos dieron recibo ni comprobante de pago – todo explicado en mi “Testimonio” -, matan a mi hijo, y, encima, después de estar pagando durante años a la Administración, cuando uno de sus  médicos, de los impresentables  causa daños irreparables o muertes, resulta que también tengo que ser yo – los usuarios -, la que pague por el daño que ha causado, y cuando el mismo médico está cobrando de nosotros. Miren: No sé si esto se puede entender muy bien.

Las dificultades económicas que sufre la Salud Pública, vienen agravadas por las indemnizaciones que debe pagar a las víctimas de negligencias, y aunque lo que percibe la víctima suele ser una burla más para la propia víctima y su familia - sobre todo si la dejan tetrapléjica -, como que son tantas, pues resultan muchos millones anualmente con los cuales se podrían subsanar muchas de las carencias que sufre la Sanidad; se podrían comprar muchas camas, por ejemplo. Si las indemnizaciones fueran elevadas y las tuvieran que pagar los médicos de su propio bolsillo, les puedo decir con toda seguridad, que disminuirían en gran número las negligencias, y Sanidad además de proteger mejor al usuario dispondría de muchos más de los millones que pagamos. Me parece de una gran inmoralidad que el usuario tenga que pagar por los daños que causan  sus malos y negligentes trabajadores médicos.

Sobre las muertes evitables, quiero recordar que en cierta ocasión las Autoridades Sanitarias de la ciudad de Nueva York, ante la cantidad de negligencias que se producían y se denunciaban, y debido a que los jueces absolvían por sistema a los acusados, decidieron hacer pública una lista de estos médicos negligente con todo su currículum. Milagrosamente, las muertes en los hospitales descendieron en gran número. Creo que esto merece una reflexión.

Con todo, creemos que ya va siendo hora de que se imponga el sentido común; que se profundice en un tema tan importantes, el más importante de todos, como es el de la protección a la salud y a la vida, y que a los ciudadanos se nos respete en todos los aspectos, cosa que por más que digan los políticos que hacen, la realidad es que en el tema de negligencias e injusticias judiciales, no es así.

Quisiera tener la esperanza de que en esta nueva Legislatura, las victimas de negligencias médicas y judiciales, estaremos presentes en el pensamiento de los políticos lo mismo que lo están las víctimas de cualquier tipo de agresión. La Ley ha de ser igual para todos. Y el hecho de que algunas víctimas ganen pleitos, no quiere decir que se cumpla con la Ley. Ni aún que se les pagaran cifras millonarias no pagarían nada, porque no hay dinero en el mundo que pueda pagar lo que vale una vida humana. Se tiene que trabajar para evitar las negligencias médicas lo mismo que se trabaja para terminar con la violencia de género o cualquier otro tipo de violencia o agresión.

No quiero terminar sin hacer una breve alusión al caso de la niña Mari Luz Cortés que tanto clamor ha levantado en nuestro país. Se dice que si el Sistema Judicial hubiera funcionado como Dios manda, este crimen se podría haber evitado. Pueden tener la seguridad de que así hubiera sido.¡Se hubiera evitado éste, y muchos otros!.
A raíz de este crimen, se ha visto obligado a salir en los medios de comunicación el Portavoz del Consejo General del Poder Judicial, ha querido darnos una explicación. (¿…?)
Hemos sabido, también, que el Juez que ha llevado este caso ya había sido “multado” por una negligencia anterior, pero ha seguido con sus negligencias, aunque ahora parecer ser que las cosas se pondrán en su lugar. Es triste que para que las cosas se hagan como Dios manda,  tengan que ir muriendo, una tras otra, personas inocentes.

En mi caso, los Jueces han cometido la prevaricación más descarada y no ha pasado nada. Es más, en mi entrevista con el Señor Ramón Sáez, Magistrado Vocal del CGPJ encargado de la Inspección de los Tribunales, como explico en mi testimonio, reconociendo el atroz daño que causó la muerte a mi hijo y reconociendo la injusticia judicial, me dice que a quiénes tengo que denunciar son a los Magistrados de la Audiencia que eran los que tenían el deber de hacer las cosas bien. Si el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña me desestima la querella contra el Juez José Mª Assalit Vives quien dictó la primera sentencia prevaricadora – incluso contradice la declaración de los acusados para protegerles -, ¿a quién tenemos que recurrir para buscar justicia en nuestro país que es donde la debemos de recibir?.

Las actuaciones negligentes de los jueces propician muertes gratuitas de todo tipo y animan a que los agresores sigan  con sus agresiones y crímenes de todo tipo también.

Una niña muere gratuitamente en manos de un pervertido que ya había sido condenado por otra agresión pero que nadie se ocupó de hacer cumplir la condena; un joven muere aplastado al cruzar legalmente la carretera por unos “moteros” que se estaban divirtiendo en carreras ilegales denunciadas en multitud de ocasiones, a mi hijo con engaño, emulando a los médicos de la Alemania nazi con sus experimentos, le queman el cerebro condenándole irreversiblemente a una muerte cruel. Y, sabe, en la mayoría de los casos, que se repiten hasta la saciedad, violadores, asesinos de la carretera y asesinos con títulos médicos, siguen por la vida como si nada hubieran hecho como si nada hubiera pasado, repitiendo sus fechorías cuantas veces les viene en gana. Algo que debe preocupar de verdad a nuestros políticos que al fin y al cabo son quienes tienen las riendas de nuestras vidas en temas tan vitales como son la Salud y la Justicia.

Con la confianza de que usted, traspasará todo mi información al Presidente del Partido que usted representa, y con la esperanza de que en esta ocasión no nos ignoraran y que defenderán nuestros derechos y nuestra vida de verdad, que no nos tendremos que seguir preguntando, cuántas muertes más hemos de sufrir para que la Justicia actúe de verdad,  reciba mi saludo más respetuoso.

 

                                                                                              Isabel Ferragut Pallach

 

Barcelona, 8 de Abril de 2008