RADIACIONES MORTALES
El Porqué de esta página
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Antes |
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Culpables |
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Dr. Benjamin Guix Melcior |
Dr. Enrique Rubio García |
Esta página denuncia uno de los mayores casos de injusticia social y judicial. Una de las mayores injusticias humanas.
A mi hijo Arturo lo mataron sin darle ninguna oportunidad. Mi hijo tan sólo pretendía solucionar un problema psicológico. Esta es la historia de una dramática realidad que ha impactado, incluso, a la clase médica de distintos países del mundo. Un hecho brutal y criminal que hasta la fecha y de forma incompresible ha quedado impune.
Como casi todo el mundo sabe en la Alemania NAZI la mayoría de los prisioneros eran utilizados como animales de experimentación médica. Uno de los experimentos que llevaron a cabo, era el de irradiar con radiaciones ionizantes la parte del cuerpo que les pudiera interesar en cada momento pero, empezando con baja potencia y corto espacio de tiempo de exposición para ir aumentando día a día la potencia y el tiempo hasta acabar con la vida del “paciente”. Eso sí, anotando con todo lujo de detalles el cruel proceso para su posterior divulgación. Pues bien: Si uno de esos desgraciados hubiera podido escaparse de sus verdugos durante las primeras sesiones, hubiera tenido la oportunidad de salvar la vida porque, en las primeras sesiones, la dosis de radiación no era letal. Pero, en el caso de mi hijo, él no hubiera tenido, él no tuvo ninguna oportunidad de salvar la vida, ninguna posibilidad, porque, en una sola sesión, EN UNA SOLA!, a él sí, le aplicaron la dosis letal. ¡En la Clínica DEXEUS le habían vendido el tratamiento del futuro!
Los médicos que le atendieron después en ésta sí su gran desgracia, médicos del Hospital del Mar, entre otros, diagnosticaron: “Lesión cerebral por radionecrosis diferida profunda e inoperable”. ¡La muerte era inevitable!.
El Juez José Mª Assalit Vives, a pesar de su sentencia escandalosamente partidista, llena de mentiras, falsedades, contradicciones, llena de mala fe, todo con la intención preconcebida de no condenar a los culpables, a los médicos Benjamín Guix Melcior, Enrique Rubio García y, a la Clínica DEXEUS, ésta como responsable civil subsidiaria, se ve obligado a reconocer: “Por lo indicado en el anterior apartado este juzgador ha llegado a la convicción que la radiación suministrada por los acusados causó un proceso necrótico no deseado, principalmente en el hemisferio izquierdo del cerebro de Arturo Navarra Ferragut, con causación de un edema efecto masa, que necesariamente debía ser tratado mediante altas dosis de corticoide de forma permanente, lo que duró más de cuatro años, y lo que le causó automáticamente una enfermedad denominada síndrome de Cushing iatrogénico, cuya más grave y necesaria consecuencia era el fallecimiento por una infección. Lo que así ocurrió”.
CAUSA-EFECTO: Si no hubiera habido exceso de radiación, no hubiera habido necesidad de suministrar corticoides, sin corticoides no hubiera aparecido el síndrome de Cushing, ni infección (infecciones), ni nada de nada. Pero, si no le hubieran suministrado corticoide, mi hijo hubiera muerto a los dos o tres días de haber ingresado en el Hospital del Mar por efecto de la radiación, lo que, si es verdad que Dios existe, era lo que tenía que haber permitido: que muriera entonces. Naturalmente, nadie podía imaginar que su fortaleza y ganas de vivir, le permitiera resistir tanto con el daño tan atroz, ¡mortal!, que le habían colocado en su cabeza.
Pero, a pesar de todo, el “regimiento” de jueces que ha juzgado el caso, por no contradecir a su colega Assalit Vives, entre otras quien sabe que cuestiones, considera que: Engañar y estafar a mi hijo, desviarlo de la Salud Pública a la Privada, alegando que el tratamiento de la pública comportaba riesgos y el de la privada no, no dar recibo ni comprobante de pago por la terapia que se tuvo que abonar antes de que ésta fuera aplicada, “achicharrarle” el cerebro - utilizando la expresión que utilizó la señora Fiscal en las vistas orales del juicio, todo y acusando a los médicos Benjamín Guix y Enrique Rubio de ser los culpables; convertir a un muchacho físicamente sano, fuerte, inteligente en un demente senil, condenarlo a padecer sufrimientos inenarrables y una muerte cruel, tener que pasar por una terrible operación en el Hospital del Mar para descomprimir el gran edema cerebral causado por la radiación además de haberle tenido que extirpar un pedazo de cerebro quemado, todo, con la buena intención de que su camino imparable e infernal hacia la muerte fuera los menos doloroso posible, algo que, desgraciadamente, no se consiguió: murió destrozado, ciego, paralizado… Pues, ¡¡TODO ESTO!! ¡¡TODO!!, que es el resultado de la actuación criminal sin precedentes de unos impresentables que se hacen llamar médicos, para los jueces que han juzgado el caso, es actuar dentro de la “Lex artis”.
Que cada lector saque sus propias conclusiones, aunque somos muchos los que nos preguntamos: ¿Qué extraños intereses pueden existir para que los jueces con todas las pruebas en la mano para poder condenar sin paliativo alguno un crimen de tan brutal naturaleza no lo condenen? ¿Qué extraños y poderosos intereses pueden existir para que, además, los jueces hayan tenido que mentir, falsear los hechos y violar nuestros derechos, nuestras leyes para proteger a los culpables, independientemente de la amistad que se sabe existe entre algunos jueces y acusados?.
Si bien la Dirección de la Clínica DEXEUS consideró que el doctor Benjamín Guix debía dejar su puesto de trabajo en la clínica por la mala prensa que le hacía, de lo cual él me acusa a mí, como dejó claro en la vista oral del primer juicio por “injurias y calumnias” - año 2001 -, lo cierto es que, en el día de hoy, el crimen sigue impune. Actualmente está presentado Recurso de Amparo ante el Tribunal Constitucional. Es la segunda vez: la primera, por vía penal, ahora, por vía civil. ¿Llegaré a ver el resultado final de este interminable y doloroso proceso?.
Todo empezó en el año 1989, cuando los médicos del Hospital del Mar me comunicaron la fatal noticia de que mi hijo iba a morir y del porque iba a morir. Una vez presentada la querella criminal, la “Justicia” tardó siete años en hacer sentar en el banquillo de los acusados a los médicos Benjamín Guix, Enrique Rubio y a la Clínica DEXEUS. Dejar pasar tantos años para llegar a juicio, ya fue la primera injusticia judicial. Después, seguirían las demás injusticias a través de las sentencias, éstas, las más partidistas, inmorales, vergonzosas y escandalosas.
La llamada “Justicia” con su lentitud, a veces provocada expresamente – no todo los problemas son el resultado de la falta de medios -, hace que la gente se agote, pierda las pocas fuerzas que le puedan quedar, enferme y, a veces, muera sin ver el resultado final de las acciones judiciales emprendidas. Incluso, a través de los años, te hacen sentir mal, como si fueras una persona vengativa y no con tu derecho a reclamar justicia. Pero las personas tenemos dignidad y tenemos derechos y hay que seguir luchando, pasen los años que pasen, para conseguir la justicia que, en este caso, mi hijo muerto se merece.
Aunque los médicos que mataron a mi hijo deberían de pudrirse en la cárcel de por vida, sólo pido que se apliquen con rigor los artículos 343 y 447 del Código Penal: 12 años de cárcel y 10 de inhabilitación para cada médico e inhabilitación especial para los jueces: de dos y seis años. La señora Fiscal había pedido cuatros años, dos meses y un día de cárcel para cada médico y una indemnización de cincuenta millones de las antiguas pesetas, pero el juez Assalit Vives desoyó esta petición, y con él, todos los demás.
Ignoro si al final la Justicia se impondrá, no obstante, pase lo que pase, los sufrimientos atroces y la muerte cruel que provocaron a mi hijo en plena juventud los médicos Benjamín Guix Melcior y Enrique Rubio García, algún día, de una u otra forma, lo tendrán que pagar. Como hace años escribí: “Hay juicios sin jueces y cárceles sin rejas”.
Un buen especialista en psiquiatría dijo, refiriéndose a los argumentos inaceptables que esgrime el Juez José Mª Assalit Vives en su sentencia para absolver a los médicos: “No hay lugar en la ciencia, no hay lugar en la medicina para la interpretación del libre albedrío de las pruebas aportadas bajo pena de incurrir en las mayores injusticias sociales. (Ver “El Triangle” en el apartado de noticias y conferencias. Título: “Va ser la radiació”. “It was radiation”.
Después de tener que sufrir la muerte tan injusta y dolorosa de mi hijo, de que unos médicos malvados le segaran su vida en plena juventud, y de que unos jueces violaran descaradamente la leyes para protegerlos - por ello se han presentado querellas criminales contra algunos de los ellos -, todavía tengo que soportar que, desde el Tribunal Supremo Sala Segunda de lo Penal, los Magistrados Luis-Román Puerta Luis, Carlos Granados Pérez, Joaquín Giménez García, Julián Sánchez Melgar y Perfecto Andrés Ibáñez, nos vengan a intentar a intimidar diciéndonos que: “La frecuencia con que se viene acudiendo a la interposición de querellas por supuestos delitos de prevaricación, contra las decisiones judiciales no recurribles, a modo de último modo de impugnación, debe ser serenamente valorada por los litigantes para evitar el manifiesto abuso de derecho o incluso el fraude de la ley que, a veces, cabe apreciar en este tipo de conductas. (v. Art 11.2 (L.O.P.J)”.
Mi abogado, indignado, les contesta con dureza pero, naturalmente, con la forma que procede jurídicamente. Como aquel que dice, vienen a disculparse porque lo que nunca pueden hacer es querer asustar a las personas para que no se querellen contra los jueces y menos cuando éstas tienen toda la razón. Pero a los jueces querellados, ni tocarlos, principalmente a la señora María Eugenia Alegret Burgues, actual Presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña quien ni siquiera podía juzgar mi caso por tener amistad con uno de los acusados, concretamente con el doctor Guix. Las hijas del doctor Guix y los hijos de la señora Alegret fueron a la misma escuela hasta el 2004, año en que la señora Alegret dictó la sentencia a favor de los médicos y de la clínica. Naturalmente, no podía ser imparcial en forma laguna. Ni legal ni moralmente podía juzgar mi caso.
Yo, por mi parte, escribo a esos Magistrados diciéndoles que, aquí, los únicos que incurren en el fraude de la ley son ellos, pues ni mi abogado ni yo, nunca nos atreveríamos a querellarnos contra los jueces sin pruebas, y las pruebas salen por todas partes, si ellos no las quieres ver, son ellos los que cometen fraude de la ley al infringirla.
Recientemente el presidente del Gobierno, Jose Luis Rodríguez Zapatero, ha dicho públicamente que "no va a permitir que se intimide a jueces ni fiscales". ¿Se ha preguntado el sr. Zapatero qué es lo que les va a decir a los jueces cuando estos intimidan a las víctimas de las negligencias médicas, cuando tan solo reclaman el derecho de Justicia que les pertenece?
Sólo un ejemplo de prevaricación que es el que ha hecho posible, de muy mala manera, que los médicos quedaran sin condena: Cuando la señora Fiscal preguntó al doctor Enrique Rubio García si había avisado a Arturo Navarra Ferragut que se podía quedar en una silla de ruedas o morir, éste contestó: “¡Hombre!¡No! ¡Porque nadie se lo haría!”. Añadiendo cínicamente: “Y los rayos de vez en cuando dan una broma y si la dan es imprevisible”, a lo que la señora Fiscal le preguntó si creía que era una broma el que muriera una persona. El doctor Rubio agachó la cabeza y no contestó. Pues bien, los jueces se atreven a contradecir la declaración del acusado e inventan, “presuponiendo”, que, como mi hijo eran una persona independiente que sabia escuchar y preguntaba a unos y a otros para sacar luego sus propias conclusiones, se “presupone” que a él ya le avisaron del riesgo que corría y lo aceptó”. ¡¡El acusado está diciendo que no le avisó, y el juez, descaradamente, contradice la declaración del acusado!!.
No olvidemos tampoco que, cuando la señora Fiscal preguntó al doctor Benjamín Guix Melcior qué criterios siguió para aplicar la radiación, éste contestó: “Por el Ojo clínico”. Alguien en la Sala, amigo o familiar, gritó con toda su alma: ¡¡BURRO!!.
Anteriormente, cuando los médicos del Hospital del Mar les pidieron a los médicos Benjamín Guix Melcior y Enrique Rubio García que por lo menos dieran una explicación a la familia por lo que había sucedido, ellos contestaron: “Nosotros no tenemos porqué dar ninguna explicación, si nos quieren denunciar que nos denuncien porque a nosotros nos da igual”. No cabe duda de que la vida de mi hijo a esos dos individuos no les importaba para nada, porque con su declaración quedó evidente que sabían que podían matarlo, y no solamente no lo evitaron sino que no les importó en lo más mínimo haberlo hecho.
¡En fin! Que cada lector saque sus propias conclusiones.
A mi hijo no puedo devolverle la vida que ellos, Benjamín Guix Melcior y Enrique Rubio García, tan miserablemente le robaron; la vida que expoliaron tan brutalmente a una buena y noble persona; no puedo devolverle la vida, pero, ellos, tendrán que pagar. Un día u otros tendrán que pagar porque un crimen de esta naturaleza es imposible que quede impune a pesar de la protección judicial de la que gozan estos individuos.
El Ministro de Justicia señor Bermejo dijo públicamente refiriéndose a la problemática, o más bien, al caos judicial que se padece: “Nadie será intocable”. Esperamos que esta afirmación no quede sólo en meras palabras. Esperamos que sean una auténtica realidad para terminar, de una vez por todas, con los repetidos y escandalosos ABUSOS DE PODER JUDICIAL.
Sólo para terminar con este avance, decir que en tres ocasiones intentaron comprar mi silencio. La primera, el doctor Jordi Jornet Lozano, médico forense del Juzgado de Instrucción nº 8 de Barcelona.
El doctor Jornet quería convencer a mi abogado de entonces Javier Selva y a mí para que retiráramos la querella criminal e iniciáramos la vía civil. Si lo hacíamos, él nos ayudaría. Nos invitó a que pidiéramos muchos millones cuantos más mejor que para eso ellos – los médicos - pagan tanto dinero a las compañías aseguradoras, nos dijo. Quería evitar a toda costa la cárcel a sus compañeros. Cómo también nos dijo abiertamente: “Él no iba a hacer nada que pudiera meter a un compañero suyo en la cárcel”. Al ver que yo no aceptaba su propuesta, alterado le decía a mi abogado: “¡Convéncela tú! ¡Convéncela tú, porque por lo penal no tenéis nada que hacer!”.
Como no pudo convencerme, en las vistas orales del juicio se comportó como perito de parte de los acusados en lugar de comportarse como perito judicial que era su función, llegando a insultar, incluso, a los médicos que habían diagnosticado la “lesión cerebral por radionecrosis diferida” causante de la muerte de mi hijo. Les llamó ignorantes y embusteros. La actuación del doctor Jordi Jornet Lozano, fue vergonzosa.
Segunda: En esta ocasión, según mi abogado de entonces, Javier Selva, el abogado de la Clínica DEXEUS, le fue a visitar para ver si podían llegar a un acuerdo conmigo.
A raíz del primer libro que escribí y viendo el camino que yo llevaba, el de la denuncia pública, le dijo a mi abogado que me preguntara "qué era lo que yo quería para terminar con todo esto”. Naturalmente, mi abogado le dijo que no perdieran el tiempo, porque no me iban a convencer.
Y, tercera ocasión: Según fuentes fiables, los médicos también intentaron convencer a otros médicos que creían que tenían influencia sobre mí para que retirara la querella criminal y llegar a acuerdos. Cómo se comprenderá, no les di tiempo a presentar sus propuestas.
En definitiva, y algo que da mucho que pensar, es que, una vez rechazadas todas las propuestas, hasta el momento, lo he ido perdiendo todo… (¿…?)
Una vez más diré que cada lector saque sus propias conclusiones. Por mi parte, no cabe duda de que seguiré luchando hasta que me quede un aliento de vida o mi cabeza me responda. No se va a olvidar tan fácilmente el crimen que cometieron con mi único y querido hijo, ni la injusticia judicial cometida. Nadie puede pasar por la vida causando gratuitamente daños y muerte a sus semejantes y seguir como si nada hubiera hecho como si nada hubiera pasado.¡Nadie! ¡Nadie! Ni por más poderoso que uno sea. ¡Los crímenes siempre terminan pagándose!
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AGRADECIMIENTOS
Desde
aquí, quiero expresar públicamente mi más profundo
agradecimiento a todas aquellas personas que, a través de
colectivos o a nivel personal, no han dudado en apoyarme tanto física
como moralmente en todas mis campañas, y esto a través de los
años transcurridos: abogados, médicos, políticos; personas
pertenecientes al mundo de la Judicatura, todas ellas a riesgo
de entrar en conflicto con su propio entorno social y
profesional; Sindicatos –CGT y Autónomo Obrero de Cádiz -;
medios de comunicación, entre otros, y muy especialmente,
"El Triangle"; amigos, que a pesar de haber sido
amenazados por amigos o familiares de los médicos Guix y Rubio
o, incluso, por ellos mismos, puesto que no se han dado a
conocer, no han dudado un solo instante en apoyarme en todas mis
decisiones; a colectivos de movimientos que se revelan y luchan
contra las injusticias sociales y judiciales, jugándose el físico
muchas veces, y que desde el principio de mis campañas públicas,
que inicié una vez fallecido mi querido hijo, de una u otra
forma, han estado ahí siempre que los he necesitado.
Y,
también, y muy especialmente, a mi querida compañera Carmen
Flores, Presidenta de la Asociación "El Defensor del
Paciente", que, desde que inicié mi campaña de denuncia
hasta el día de hoy, no ha dudado en demostrarme todo su cariño
y apoyo. Carmen inició su andadura y fundó la Asociación que
preside a raíz de la gravísima negligencia que padeció su
hijo Miguel. Un chapucero y desalmado médico le dejó en estado
tetrapléjico cuando debía evitar que esto pudiera suceder en
un fututo improbable.
Doblemente
agradecida, porque muchas de estas personas se expusieron a ser
condenadas, ya que la prepotencia y la chulería de los médicos
Guix y Rubio, y de sus letrados, cuando presentaron la querella
contra mí por injurias y calumnias, dijeron, también incluían
a todas aquellas personas que se pudiera demostrar que me habían
ayudado en mis campañas. Esto no prosperó, a pesar de que
disponían de fotografías de algunas de las personas que se
encontraban conmigo ayudándome a repartir folletos y a pegar
carteles. ¡Siempre intentando asustar y amenazar!. No se han
dado cuenta esta gente todavía que sus bravatas ya no nos
intimidan.
Y
mi más profundo agradecimiento, ¡como no!, a los médicos del
Hospital del Mar de Barcelona quienes, entre otros,
diagnosticaron la "lesión
cerebral por radionecrosis diferida profunda e inoperable" que llevó a mi hijo a la muerte, y que desde el trágico
momento en que la radiación hizo su brutal aparición hasta su
fallecimiento, estuvieron con él dedicándole cariño y
atenciones. Siempre han estado a mi lado ratificándose en su
diagnóstico ante los jueces cuantas veces ha sido necesario. A
los médicos de la Clínica Quirón de Barcelona y a los médicos
del Centro de Resonancia Magnética de la calle Monastir también
de Barcelona, quienes, unos a través de los TACS cerebrales que
se le iban realizando, y otros a través de las resonancias magnéticas
que también se le iban practicando, se mantuvieron firmes en
sus diagnósticos de "lesión
cerebral por radionecrosis diferida". Incluso cuando la
Señora Fiscal le preguntó a la doctora representante de la Clínica
Quirón del porqué estaban tan seguros de que la muerte de
Arturo se debía a un exceso de radiación y no por otra causa,
como un tumor por ejemplo – se refería a la radiación
aplicada en la Clínica DEXEUS -, la doctora respondió: "porque
existen suficientes medios técnicos para poder asegurar que se
trataba de radionecrosis y no por otra causa".
Al
doctor psiquiatra de mi hijo, buen amigo que nunca nos abandonó.
Aunque Arturo ya no le visitaba como psiquiatra porque ya no le
necesitaba, quedó una buena amistad en la familia. El doctor
apreciaba mucho a mi hijo como mi hijo a él. Quiero dejar esto
muy patente, porque en la película que se ha realizado para las
Televisiones Autonómicas sobre la negligencia que padeció mi
hijo titulada "Mi hijo Arturo", aunque no es una
biografía y el muchacho de la película dista mucho de ser cómo
era mi hijo, de todo su calvario y de su lucha para intentar
salvar su vida -que él ignoraba que la tenía perdida*, hay
algunos aspectos que pueden llevan a la confusión, evidentes
cuando se lee mi libro o cuando se lee esta página. Uno de los
puntos que se alejan totalmente de nuestra realidad, es el de
que, en la película, el psiquiatra del muchacho no ayuda a la
madre cuando ésta le pide ayuda, ni los médicos que
diagnostican la lesión cerebral. La dirección de la película,
ha querido reflejar la realidad de lo que es más frecuente: la
indefensión en la que se encuentran la mayoría de las personas que tienen la desgracia de tener que vivir la amarga e
injusta experiencia de la muerte de un hijo o familiar a través
de una negligencia médica: la peor, la más trágica y dolorosa
de todas las experiencias que pueda sufrir el ser humano, y la más
incomprendida.
En
el sentido de encontrar apoyo, o no, de los médicos cuando
diagnostican una negligencia médica causada por otros "médicos",
yo tuve la suerte de encontrar a buenos y honestos profesionales
que no dudaron en prestarme su total apoyo ante la brutalidad
que "otros" habían cometido con mi hijo.
Quiero
recordar que yo no he cobrado nada por esta película ni tengo
nada que ver con su realización, aunque agradezco a la FORTA
que haya tenido la valentía de denunciar una negligencia médica,
tema tabú todavía en nuestra sociedad. Es la primera película
que se ha realizado en España sobre un tema tan protegido,
tanto por los medios de comunicación como por parte de los
propios jueces, que pocas veces fallan a favor de la víctima,
directa o indirectamente, y cuando lo hacen es para añadir más
burla a los sufrimientos que padecen las víctimas, si quedan
vivas, y familiares, puesto que además de no querer meter en la
cárcel a los violadores de la salud y la vida, encima las
indemnizaciones son ridículas: las personas dañadas o muertas
por negligencias médicas (actuaciones criminales la mayoría de
las veces), no tienen ningún valor: ¡No valen nada!.
En
el caso de Miguel, hijo de Carmen Flores, después de 14 años
de esperar Justicia, después de que la Señora Jueza, Doña Inés
Huerta Garicano, del Tribunal Superior de Justicia de Madrid,
reconociera la multitud de negligencias que ha padecido Miguel,
reguero de negligencias que le impidieron recuperar totalmente
su salud, reconocido textualmente por la Señora Jueza, ésta considera que la vida destrozada de Miguel, todos sus
sufrimientos, todas sus necesidades y los años de lucha
judicial, valen 12.000 Euros (dos millones de las
antiguas pesetas). ¿Cabe mayor burla y provocación?. Cuantas
veces me hago la misma pregunta: ¿Qué pretenden los jueces de
nosotros?, ¿Que pongamos en práctica aquello del OJO POR OJO
DIENTE POR DIENTE? ...

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Traficantes
de salud (de Miguel Jara)
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sobre todos estos traficantes sin escrúpulos, sino que te
enseñará como preservarte de ellos.
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